Daban
las once de una madrileña noche en el dédalo de callejas, que humildes vienen a
desembocar su esencia en la Plaza Mayor. Los postreros corchetes(4)
ya habían pasado ronda y hasta la inmundicia de orines, barro y aroma a
aguardiente, cobra más forma en contra de la patarata(5) que se
respira cuando las luces naturales de Dios se enseñorean con la ciudad. Mas,
desta guisa, es como la villa late de veras.
Bien lo saben cuatro forfantes(6)
que juegan al rentoy(7) con unos viejos y antiquísimos naipes, todos
tendida la raspa(8) entre adoquines y piezas de adobe. Los hachones
de cera sellados a unos socavones, les permitían verse a medias faces y
ademanes que desvelasen el juego.
El primero a quien dicen Mastema –como
el mismo diablo enemigo del Hombre– viste harapos, mas usa maneras de gran
señor. Luce greñas y muy barbado como condenado a galeras. A su vera, cual si
la calleja toda fuera un triclinium(9)
romano, un jayán(10) a quien llaman «El Mirlo» por su nariz
anaranjada por efecto de bebibles humores destilados de decenas de alambiques
en figones de la villa, apuesta fuerte y confiado. Más recogido en el angosto
hastial junto a los muros, el tercer compadre es un pío varón, Golmayo El
Teatino, tan sólo a tenor de su estameña, pues aunque luce su cerquillo
tonsurado, su aspecto es el de quien ha fenecido a las tentaciones del mundo. Y
el último en cerrar la cuadrilla repantingada en la triste calzada, es Sotirios, vestido como los seises de la
catedral de Sevilla, si bien no porta chapeo(11) ni banda granate,
y otrora el carmín y blanco de sus
telas, es de indefinible color de la inmundicia.
Los cuatro están a punto de retirarse a
sus espeluncas(12) de Madrid, pues han ganado a gusto diferentes
manos del rentoy, no saldrán a relucir las facas, mas, hete aquí, que contra
todo pronóstico, es el teatino quien sugiere la tontuna de apostar cuatro
doblones por ver quién bebe más rápido a modo de despedida postrera, del
velicomen(13) que portaba entre las sayas estameñosas, lleno con el
contenido de un par de botellas hurtadas en la sacristía de San Cayetano.
Todos ríen como si les fuera la vida en
ello y aceptan; empero, Mastema se queja.
–¡Que me aspen si vuelvo a apostar con
vuesarcedes(14) mis bien atesorados doblones! Si pierdo, les daré a
conocer cosa de gran sorpresa que llevo prendida en el interior de mis barbas.
¿Dan el sí, señorías?
«El Mirlo», viéndose ya ganador, le daba
lo mismo Antequera que Antioquía. Su fausta napia le precedía en los decires de
caballeros torzuelos(15) de los bajos fondos, y todos sabían a qué
debía su color.
Golmayo y Sotirios estaban algo
escamados.
–¡Las barbas al hombro!(16)
Mas, doy el sí desta azotaina –arengaba Sotirios–
De tal manera que a Golmayo no le quedó
más remedio que aceptar que Mastema se
reservase alguna mala arte.
–¡Ejercicio de Fe pides, malandrín
Mastema! Mas, tal es mi vocación.
De tal guisa estaba el conciliábulo de
estos brujos aficionados, y empezaron a libar del velicomen y el contenido de
las botellas mientras brindaban.
–¡Por la liebre de los alquimistas(17),
que es salaz!–ya antes de acabar la hermeneútica frase, Golmayo había
despachado su cuarta de extraño vino.
«El Mirlo», desternillado de risa, se
deshacía de ansiedad por mostrar a los demás su hepática vis.
Y así clamó:
–¡Por «Garci Sánchez de Badajoz»(18) que
«sacó por
cimera un diablo y dijo
Más
penado y más perdido
y
menos arrepentido!»
Y ninguno supo cómo, mas, escanciar y
beber fue todo uno Sotirios, lacónico:
–¡Siempre Febrerillo El Loco!
Y libó, acaso un poco más lento que sus
compadres.
Cuando le llegó el momento a Mastema,
abrió sus barbas con la mano y surgió un thomalevú(19)
–mezcla de quince centímetros de antroporuga y silfo con carusa de loco– y
Mastema batió palmas mientras brindaba y trasegaba alcohol del velicomen con
una cancioncilla que el thomalevú
encarnaba en un raro tripudio(20) revoloteando ante las faces
arrobadas de Sotirios, Golmayo y «El Mirlo» ...pero que luego, transubstanciaba
en El Bullicuzcuz Sílfico
«¡Bullí,
bullí,( 21)
bulli
cuz cuz
de
Veracruz!»
a quienes dada la ebriedad, con gestos
nigromantes sisó los doce doblones camuflándolos en las barbas fluviales de su
amo Mastema.
–¡Asaz cretinos vueseñorías(22)!
Duerman el soponcio madrileño, en tanto thomalevú y un servidor, tornaremos al
éter de esta Babilonia Cojuela(23).
Y puesto el thomalevú sobre la maraña de melenas de Mastema, le tiraba de las
canas y salieron ambos levitando a cada orientado tirón por los aleros hacia el
conticinio madrileño y la Plaza Mayor.
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¡Claves
en Román Paladino!:
1.– Bullicuzcuz. Extraña danza del siglo
XVI de la que apenas existen fuentes y que iba acompañada de una letrilla de
allende los mares. Contravenía loscánones existentes. Respecto a la
autoría....¡tiene miga!...
2.– Garatusa. Embeleco procedente del
mundo de los juegos de cartas, y por extensión, traicionero engaño entre
truhanes.
3.– Ballenatos. Gentilicio asaz
desconocido de quienes son nacidos y viven en Madrid. Procede su primera
estimación del siglo XVI.
4.– Corchetes. Autoridades de la época
para el orden y la ley en Madrid.
5.– Patarata. Mentirijilla, deformación
de lo real. Nada tenía que ver el día y la noche en Madrid.
6.– Forfantes. Bribonazos y farsantes.
Pillos callejeros de «pura ley».
7.– Rentoy. Juego de naipes con la
baraja tradicional española, parecido a muchos otros, pero que se oficiaba en
aquellos tiempos...y por parejas.
8.– «Tender la raspa» Echarse a dormir,
tumbarse para descansar o para ejercitarse en cualquier pecado...Los
protagonistas se sentían cómodos con los pavimentos de Madrid por catre.
9.– Triclinium. Antiguos divanes del
Imperio Romano donde se entregaban a lo epicúreo. «El Mirlo» era el más
regalado de los cuatro. Un tipo feliz.
10.– Jayán. Sujeto de gran envergadura y
de los que imponen respeto. Solían dedicarse al ganado equino.
11.– Chapeo. Prenda historiada de
cabeza: Tricornio, Ros, etcétera.
12.– Espeluncas. Simas, abismos, lugares
sórdidos. Figuradamente son los antros repugnantes donde viven estos cuatro
pájaros en el ancho Madrid.
13.– Velicomen. Especie de ritón o
recipiente ceremonial para beber en ocasiones de postín. Solían ser obras de
arte.
14.– Vuesarcedes. Vuesas Mercedes,
tratamiento galante.
15.– Caballeros torzuelos. El torzuelo
era una cría de ave rapaz, y esos irónicos caballeros, no eran tales, más bien
humildes recién llegados al mundo de la cetrería. Por extensión, gente de baja
estofa.
16.– «Las barbas al hombro». ¡Generala!
¡Máxima Cautela! ¡Alerta Brutal!
17.– Liebre secreta. Los maestros
arquitectos de catedrales la ponían en frisos y decoraciones, y su significado
era libidinoso. Golmayo, pues, era profundamente pecador, y no venial.
Contrapuesta la espantable liebre, al Pelícano, que representa La Sangre de
Cristo.
18.– Garci Sánchez de Badajoz y su verso
en cursiva. Poeta maldito del siglo XV y XVI, que tuvo serios problemas con La
Inquisición. Sin embargo, se hizo famoso al transcurrir el tiempo por esta
brevedad de «la cimera», enigmática, abracadabrante y que tanto plugo, que
grandes gentilhombres adoptaron como divisa ese oscuro significado, todavía por
dilucidar. «El Mirlo», pues, de manera sarcástica y burlesca, pues a nada teme,
gusta de significarse con tales artes que bendicen su vis libatoria.
19.– Thomalevú. Ser Elemental entroncado
con los homipolis diminutos (mitad varones mitad polillas) cuya mayor virtud es
alterar la paz consuetudinaria. La hazaña de Mastema, es que doma a uno (que yo
sepa) y juntos forman un dúo del Tártaro (El Averno) cuya misión, no está
apenas clara. No existen referencias en ningún salterio esotérico. O sí. Qué
más da.
20.– Tripudio. Danza en la antigua
Grecia. El Thomalevú está loco. O no.
21.– Bullí, bullí /.../ Cancioncilla
descarada que bautiza de tal guisa la danza.
No existen componendas sobre la autoría,
pero finalizando estas notas, se explicará cierto homenaje.
22.– Vueseñorías. Vuesas Señorías.
Tratamiento Aristocrático.
23.– Babilonia Cojuela. Además de ser un
homenaje a Lo Anónimo y al desenfado erudito histórico del Gran Pérez–Reverte,
también lo es, ¡clarinete!, a Madrid Villa y Corte, a través del único diablo
oriundo del burgo del Manzanares: El Diablo Cojuelo, entroncando con la nota 1
y la 21, pues decía tal demonio, que él inventó El Bullicuzcuz.