Suele decirse que nunca llegamos a conocer de verdad a alguien por mucho que vivamos o interactuemos con él. Incluso se suele decir que no nos conocemos ni a nosotros mismos, que está la forma en que nos vemos de una forma subjetiva e interior y la forma en que se nos ve desde fuera. La verdad es que conocer a una persona de una manera completa es muy difícil, y más hoy en día con el rollo de las redes sociales o los convencionalismos a seguir.
Sé tú mismo, el resto de los papeles ya está cogido. Oscar Wilde.
También está el tema que, desde cierto punto de vista, y muchas veces sin darnos cuenta, actuamos en función de la situación, o en función de quien tenemos delante, y más en lugares donde se convive con distintas lenguas. Yo creo que para conocer bien o saber cómo es una persona en realidad es observarla cuando esta piensa que no hay nadie mirándola. Cuando se siente sola. El lenguaje corporal es otro, más natural, no ha de fingir ya sea para bien o para mal, incluso la voz es distinta, si en ese momento tenemos la suerte de presenciar un soliloquio. Cosa que no es muy difícil, la verdad. Y es que, ¿a quién no le ha pasado eso de estar a solas hablando en voz alta y encontrarte, por sorpresa, con alguien y fingir estar cantando, ensayando un monólogo o realizando un bostezo demasiado sonoro?
No obstante, espiar a alguien con la intención de saber algo más de él puede decir más de ti que de la otra persona, y en la mayoría de los casos nada bueno.
Desde mi otro punto de vista, hay diversas formas para hacerlo sin tener que parecer un psicópata mirón o husmear en las redes sociales y cosas privadas. Estoy hablando de conocer diversos aspectos: los gustos, sobre todo en el tema culinario, la forma de vestir, sobre todo cuando no se está en casa sin plan y se recibe una visita inesperada, la música que se suele escuchar o conciertos a los que se asiste… La gente de la que se rodea… La vida laboral que se lleva… Las películas o series que se visionan… Y con esta lista podríamos estar hasta que terminen los tiempos. Sin embargo, la forma que más me gusta, y que considero casi sagrada, es otra: su biblioteca particular.
Sí, amigos y amigas de El Tintero de oro, porque pocas cosas pueden decir tanto de una persona como esos pequeños tesoros llenos de letras que hemos ido atesorando en nuestras estanterías para formar un elenco lleno de historias, emociones y trocitos de nosotros mismos impresos entre sus cubiertas.
Así que, para cerrar esta temporada de microrrelatos, ¿por qué no nos conocemos un poco más?, ¿por qué no compartimos ese tesoro que nos ha inspirado y ayudado a, entre otras cosas, llegar a conocernos en esta comunidad tintera? Es decir, ¿y tú qué lees?
Pero ¿cómo lo hacemos? Pues con un juego: primero, nos posicionarnos delante de nuestra bibliotequita particular. Si se tienen distintas estanterías, la primera que tuvimos, o la que más nos guste. Si somos más de ir a bibliotecas y no coleccionar los volúmenes que propagan el polvo y aniquilan el espacio de nuestra casa, pues en la preferida de nuestra biblioteca pública. Una vez elegido el lugar, nos centramos en el tercer estante contando desde arriba. Luego, pillamos el tercer libro y, continuando con la clásica magia del tres, nos centramos en la primera frase del tercer capítulo del mismo. Después, cogemos esa frase y confeccionamos un micro siendo esta el inicio del mismo.
El micro puede ir sobre el libro o sobre lo que esa frase nos inspire. Finalmente, si queremos, aunque ahí está la gracia, decimos el libro y el autor. Y si queremos compartir algo más sobre ellos, pues mejor. En mi caso fue fácil, ya que justo esa estantería es donde tengo la colección de mi autor favorito y ese libro justo es mi favorito del autor. Vaya casualidad (codazo, codazo, guiño, guiño).
Cuando sonó el teléfono me estaba preparando el desayuno. Y eso era completamente imposible.
Hacía años que los humanos nos habíamos rebelado contra ellos. Bueno, más en concreto contra la IA. Esta, poco a poco, se había adueñado de nuestras vidas. Primero en el ámbito computacional, lógico, pues era una herramienta de gran ayuda. Pero cuando se metió en el arte, ya la cosa se puso sería. Un gran número de artistas vieron con ello la deriva de la conciencia humana, ya que era el primer paso de la IA para empezar a secar los cerebros de futuros artistas y sociedad en general. Sin embargo, la cultura siempre es lo menos importante, y las autoridades no hicieron caso. Pero cuando un bot sembró el caso al meterse en el centro de inteligencia nacional, sí tomaron cartas en el asunto. Incluso se hizo campaña en su contra. El repudio hacia lo tecnológico fue tal que llegó a ser algo más que un ideal, fue un motivo de vida.
Así, con la cooperación de una sociedad unida, lo conseguimos. Los humanos nos hicimos con el poder. Un movimiento cumbre que terminó con la prohibición por ley a poseer hasta un móvil.
Por eso, que esta mañana me haya sonado justo cuando estaba con el desayuno era algo ridículo. Hace años que los móviles fueron prohibidos y la IA erradicada. Los humanos ganamos. Probablemente, algo habrá producido un sonido parecido que me ha recordado al de mi antiguo móvil. Solo puede ser eso junto con las secuelas que han quedado sembradas en la psique de una mente castigada por una IA dañina de la que aún no se ha repuesto.
Y eso he estado repitiéndome toda la mañana, que no me coma el tarro, que los humanos ganamos y no hay más IA ni móviles. De hecho, eso mismo me ha dicho mi tostadora:—No te comas más el tarro, Pepe, los humanos ganasteis; mejor cómete la tostada y mantén la mente en blanco.
Sí, a lo mejor no lo habréis acertado, pero el libro al que pertenece la frase, «Cuando sonó el teléfono me estaba preparando el desayuno», no es otro que el de Crónica del pájaro que mueve el mundo, de Haruki Murakami. Y sí, ahora sí lo habéis acertado, la temática del micro no tiene nada que ver con el libro, aunque este es un poco surreal también.
¿Y vosotros? ¿Conocíais el libro? ¿Os ha dado una idea más completa de como puede ser alguien que lee ese tipo de libros? ¿Te atreves a darte a conocer un poco más?
MICRORRELATOS DE MAYO: ¿Y TÚ QUÉ LEES?
- Escribe un microrrelato de 250 palabras utilizando la primera frase del tercer capítulo del tercer libro que esté en la tercera estantería de tu biblioteca personal.
- Publícalo en tu blog y compártelo en los comentarios.
- Fecha de envío desde el 1 de mayo de hasta el 28 de mayo.
- Hemos instalado en la entrada unos inhibidores de control que detectan al momento si un micro está hecho con IA y que lanzan un zumbido electromagnético provocando en el autor del mismo malestar, náuseas y la errática y amarga sensación de estar engañándose incluso a sí mismo. Sí, una medida un poco extrema, exagerada y desproporcionada, pero si no usas IA no tienes por qué preocuparte.
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| Utiliza esta imagen si quieres en tu relato |
Relatos participantes:
1. La tostadora, por Pepe, en esta misma entrada.
2...
¡Saludos, tinteros!


Hola, Pepe, buenos días y gracias por encargarte este mes de esta preciosa sección de microrrelatos.
ResponderEliminarTengo una pregunta/propuesta: ¿podría ser que el texto deba tener un máximo de 250 palabras, sin contar las que nos "toquen" en suerte?, porque habrá casos (por ejemplo el mío) en que la primera frase es un pelín larga...
Muchas gracias de nuevo.
Un fuerte abrazo.