Antes de empezar, conmocionados por la enorme tragedia que estos días ha sufrido Venezuela, queremos mandar todo nuestro cariño y un fortísimo abrazo a los compañeros que participáis desde allí. Mucho ánimo y nuestros mejores deseos..El Tintero de Oro
Las
gradas de San Felipe eran un hormiguero revuelto. El comediante Rafael de Cózar
había llevado de nuevo El arenal de Sevilla al Corral del Príncipe, y la variopinta
humanidad de la Villa y Corte de Madrid no pudo evitar echarse a la calle para
celebrar la ocasión vestida con sus mejores galas, como si el mismísimo Cuerpo
de Cristo procesionara entre nubes de incienso y alfombra de romero. Y para
hacer más atractivo el reestreno del Fénix de los ingenios, la bella María de
Castro se había encargado de interpretar el papel de Doña Laura, bajo la atenta
mirada de nuestro señor Felipe IV, gran amante de las comedias –y de las
comediantas en general, y de la Castro en particular– que asistió al Corral escoltado
por un selecto grupo de gentileshombres.
El mentidero bullía tras la obra con
toda suerte de nobles, soldadesca y pueblo bajo en sus múltiples facetas, todos
dándose aire de entendidos literatos cuando la mayoría –muchos de entre la
nobleza incluidos– eran incapaces de hacer la O con un canuto entintado. Yo acompañaba
a mi amo disfrutando del ambiente y de los benignos rayos de un sol ya en
decadencia, y tenía el ojo avizor a la búsqueda de la turbadora presencia de
Angélica de Alquézar, menina de la reina y sobrina de nuestro más peligroso
enemigo en la Corte, quien me tenía robado el corazón a expensas de la cordura
de mi mente y la tranquilidad de mi alma.
Como el capitán, vestía mis mejores
ropajes, desempolvados con esmero para la ocasión y zurcidas las cicatrices propias
de nuestra ajetreada forma de vida por las hábiles manos de Caridad la
Lebrijana, compañera del capitán aunque este, bien metido en su papel de hombre
y soldado veterano de los Tercios Viejos, no se diera, ni quisiera, darse por
enterado. No pocas veces asistí como testigo a los reproches de la una y a los
silencios del otro, y he de reconocer que me avergonzaba la egoísta forma con
la que mi amo trataba a quien yo quería como a una segunda madre; y aún me
avergüenza como hijo adoptivo no habérselo reprochado jamás a mi amo.
Pero la vida es como fue y ya me he
desviado de la razón de estas líneas. Como les decía, disfrutábamos del
ambiente del mentidero cuando se nos juntaron el Licenciado Calzas y el Dómine
Pérez, ambos miembros de nuestra tertulia en la Taberna del Turco. «¿Y Don
Francisco?», oí que preguntaba el santo varón al capitán y como si fuera el
mismísimo Diablo invocado –que lo era para quienes consideraba sus más fieros
enemigos– el señor de Quevedo hizo su aparición rodeado de un extraño grupo de
personas enmascaradas.
–¡En buena hora, capitán, y selecta
compañía! Y tú, Íñigo, a ver si dejamos de crecer; cuanto más lozano te veo
mayor conciencia tengo de mi cuerpo viejo y decrépito.
–Viejas las ropas, Don Francisco. Usted
solo es un poco más sabio –contesté todo galante, influenciado sin duda por la
obra de Lope, ganándome un sonoro aplauso por parte de los conocidos.
–Touché!,
que dirían por las impías tierras donde vivisteis vuestra última aventura –me
contestó el señor de Quevedo haciendo referencia a nuestra reciente misión en
París, donde nos tuvimos que ver las caras con los mosqueteros del Señor de
Treville.
–¿Y esos señores enmascarados que os
acompañan? –preguntó mi amo, desviando la conversación de aquella aventura que
mejor era no airear en exceso.
–Oh. Dejen que os presente al grupo de
comediantes llamado El Tintero de Oro. Todos ellos son escritores de larga
experiencia y ágil pluma, de visita en la Corte para presentar sus respetos al
gran Filippo.
»Viajan de incognito, por eso lo de las
máscaras. Solo yo conozco su verdadera identidad pero… –levantó el índice de la
diestra, admonitorio–. Tenga a bien acompañarme un momento, señor capitán,
ahora que nuestros amigos se hallan en animada conversación con los
comediantes. Y que venga Íñigo, de cuya prudencia he sido cien veces testigo.
Y así, llevándonos a un aparte, sacó de entre los pliegues de sus oscuros ropajes una cuartilla escrita de su puño y letra, donde pudimos leer la siguiente lista:
Anónimo 01 - Marlen
Anónimo 02 – Ana Piera
Anónimo 03 – Francisco Moroz
Anónimo 04 – Juan el Portoventolero
Anónimo 05 – Noelia de la Flor Ruiz
Anónimo 06 – Eitan el Mago
Anónimo 07 – Marifelita
Anónimo 08 – Raquel Peña
Anónimo 09 – Mirna Gennaro
Anónimo 10 – Clara
Anónimo 11 – Marta Navarro
Anónimo 12 – Puri Otero
Anónimo 13 – Ainhoa
Anónimo 14 – Maite Sánchez (Volarela)
Anónimo 15 – Rocío Cala
Anónimo 16 – Pepe
Anónimo 17 – Patxi Hinojosa
Anónimo 18 – Gabiliante
Anónimo 19 – Jorge Valín
Anónimo 20 – JM Vanjav
Anónimo 21 (Fuera de concurso) – Ainhoa
GALA DE PREMIOS 52ª Ed. Arturo Pérez-Reverte
¡Bienvenidos a la gala de premios de la última edición de la temporada! Gracias a todos los participantes por vuestra implicación. Sé que el relato histórico no es del agrado de muchos de ustedes y no solo habéis aceptado el reto con vuestra mejor tinta sino que además lo habéis hecho ocultos tras la incómoda máscara del anonimato. Mil gracias, mil. Una vez desvelada la identidad de todos los participantes, ya podéis subir vuestros trabajos para que sean comentados como es debido.
Veamos ahora, sin más dilación, el resultado de vuestras votaciones.
MENCIÓN HONORÍFICA
(DEL PUESTO DÉCIMO AL CUARTO)
10. Con 30,74 ptos. El pajarillo enjaulado, de Jorge Valín. Ha sido votado por 6 participantes que le han dado un total de 29 votos distribuidos de la siguiente manera: 7 ptos. (1), 6 ptos (2), 5 ptos. (1), 4 ptos. (0), 3 ptos. (1), 2 ptos. (1), 1 ptos. (0)
9.
8.
7.
6.
5. Con 39,59 ptos. Navegante inmortal, de Raquel Peña. Ha sido votado por 7 participantes que le han dado un total de 37 votos distribuidos de la siguiente manera: 7 ptos. (4), 6 ptos (0), 5 ptos. (1), 4 ptos. (0), 3 ptos. (1), 2 ptos. (0), 1 ptos. (1)
4.
¡Y este es el PODIUM de ganadores!
Con 46,62 ptos, se lleva el TINTERO DE BRONCE el relato El perro negro, escrito por Rocío Cala.
Enhorabuena a Rocío por este reconocimiento que conlleva, además de este diploma digital que puedes colgar en tu blog, la publicación en la antología anual de EL TINTERO DE ORO.
Con 59,89 ptos, se lleva el TINTERO DE PLATA el relato La Venta del Tintero, escrito por JM Vanjav.
Enhorabuena a JM por este reconocimiento que conlleva, además de este diploma digital que puedes colgar en tu blog, la publicación en la antología anual de EL TINTERO DE ORO.
Y con 62,15 ptos, el TINTERO DE ORO de la 52ª Edición dedicada a Arturo Pérez-Reverte se lo lleva el relato La comadre, escrito por Noelia de la Flor.
Enhorabuena a Noelia por este reconocimiento que conlleva, además de este diploma digital que puedes colgar en tu blog, la publicación en la antología anual de EL TINTERO DE ORO.
¡Y así termina la novena temporada de EL TINTERO DE ORO! Como cada año, aprovecharemos los meses estivales para preparar la nueva temporada así como la próxima antología que esperamos esté disponible a finales de año.
Muchas gracias a todos.
Abrazos tinteros.




Felicitaciones a los tres ganadores. esto del anonimato resulta interesante. Será cuestión de hacerlo así habitualmente por eso del misterio de quien se esconde detrás de la máscara.
ResponderEliminarUn abrazo a todos los compañeros que compartieron sus letras hechas relato. Nos reencontraremos en las siguientes ediciones si la suerte nos es propicia.
Que paséis un maravilloso y dilatado verano vacacional.
¡Qué gran gala final, Bruno! Felicidades a todos los anónimamente mencionados y en especial a Noelia, JM y Rocío. Os deseo unas muy felices vacaciones, compañeros. Abrazos.
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