GALA DE PREMIOS 52ª Ed. Aturo Pérez-Reverte

  Antes de empezar, conmocionados por la enorme tragedia que estos días ha sufrido Venezuela, queremos mandar todo nuestro cariño y un fortísimo abrazo a los compañeros que participáis desde allí. Mucho ánimo y nuestros mejores deseos. . El Tintero de Oro –––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––– Las gradas de San Felipe eran un hormiguero revuelto. El comediante Rafael de Cózar había llevado de nuevo El arenal de Sevilla al Corral del Príncipe, y la variopinta humanidad de la Villa y Corte de Madrid no pudo evitar echarse a la calle para celebrar la ocasión vestida con sus mejores galas, como si el mismísimo Cuerpo de Cristo procesionara entre nubes de incienso y alfombra de romero. Y para hacer más atractivo el reestreno del Fénix de los ingenios, la bella María de Castro se había encargado de interpretar el papel de Doña Laura, bajo la atenta mirada de nuestro señor Felipe IV, gran amante de las comedias –y de las comediantas en general, y de la Castro en particular– qu...

Un empleo cualquiera

 


La niña lloraba mientras la figura de su madre se perdía en la lejanía sin mirar atrás. Dejó de hacerlo cuando se dio cuenta que se había quedado sola. En diciembre había cumplido los 5 años y era una niña lista que sabía perfectamente que aquel no era un lugar seguro.

–Baltasara espere no me deje aquí sola… no quiero que me coma ninguna alimaña…

La mujer se volvió y espero que la pequeña llegara a su altura, le dio la mano y se pusieron andar. La mujer comenzó hablar sin descanso y la pequeña Paquita escuchaba absorta lo que le contaba y a la vez la observaba intentando encontrar aquella mujer que había llenado escenarios, vestido de hombre y llevado las mejores obras de Lope y Calderón a los corrales de comedias.

La Baltasara era una mujer templada, tranquila y que las tablas de los teatros las llevaba pegadas a sus pies.

–¿Estás muy callada, te ha comido la lengua el gato. ¿O es que no te alegras de ver a tu madrina?

–Es usted la primera Santa viva que veo y que además es mi madrina.

La Baltasara sonrió.

–Niña lista, tienes respuesta para casi todo, pero eso de ser primera dama del teatro no sé yo, si es una buena idea…

La niña volvió la vista atrás por un momento, era la primera vez que abandonaba Madrid y que estaría separada de su madre tanto tiempo. Pero la abuela Rafaela había muerto y ya no había quien la cuidara cuando sus padres viajaban por los corrales de comedias.

Aguantó el llanto y siguió escuchando a su acompañante mientras miraba lo que la rodeaba. No sabía muy bien a dónde se dirigían, pero por sentido común los santos y santas estaban en el cielo. Por lo que ella pensó que se dirigían allí.

Comenzaba a atardecer cuando llegaron a la cueva y a la ermita de San Juan Bautista. Había movimiento, la gente iba y venía. Baltasara entró seguida de la niña. Paquita miraba con interés todo lo que le rodeaba. Había grupos pequeños de mujeres que conversaban y algunos niños jugaban fuera.

–Tú dormirás conmigo, por lo menos esta noche, allí esta mi jergón deja tus cosas. Ahora saldremos y te presentaré a los demás.

La gente se fue arremolinando en la entrada de la cavidad para conocer a la recién llegada. La gran mayoría eran mujeres mayores, algunas más jóvenes, y niños que la miraban entre curiosidad y diversión.

–Os presento a Paquita nieta de Rafaela la Cordobesa, comadre mía de los años del teatro, se quedara con nosotras por tiempo indefinido. Todas se fueron acercando dando la bienvenida a la ahijada de la Baltasara, poco después ya jugaba con los niños como si llevara años allí.

Su madrina le explicó que aquello no era el cielo pero que le parecía bastante. Era una comunidad de mujeres artistas que a ojos de la sociedad y de la Iglesia vivían en santidad. Era la única manera de ser libres.

La niña con el tiempo fue entendiendo lo que le contó aquella primera noche su mentora. Excepto los domingos, que el cura del pueblo más cercano subía a celebrar misa y las fiestas de guardar el obispo las visitaba. Aquel lugar era muy tranquilo.

Aprendió a leer, a escribir, ayudaba en todo lo que podía. Los niños algunos habían nacido allí, otros venían como ella, para quedarse. Cuando llegaba la curia desaparecían, para no causar escándalo. La niña había mamado el mundo del teatro pero allí conoció otra cara del mismo.

La historia que mejor conoció fue la de la propia Baltasara, que tenía mil nombres y mil caras. Podía ser un bravo guerrero, un galán, un cura, una anciana, una joven doncella, una aguerrida reina, todo aquello que imaginaran. Todavía guardaba trajes y algunos muebles de viejos tiempos y a veces, cuando la melancolía la visitaba preparaban una función para todo los públicos.

En contadas ocasiones la matriarca desaparecía por unas horas y regresaba con una nueva incorporación.

Teresa, que logró volver de Italia donde la compañía de teatro donde trabajaba dejo de gustar a los espectadores. María la Blanca que fue una acusada de vivir amanceba y condenada a galeras,

Beatriz que al igual que la Baltasara se cansó de aquel mundo en el que eras todos y nadie, propiedad del público. Que la compañía dependía de ellas y que por muy empresaria que fueras siempre dependías de un hombre.

A veces había matrimonios ventajosos donde nadie preguntaba, pero otras no. Eso le pasó a Beatriz que salió huyendo de un marido que no tenía suficiente y la ofreció al Duque de Osuna, o al Marqués de Villamediana sin tener su opinión en cuenta. El gallo era un pozo sin fondo, en todos los sentidos además de tener una flor en el culo. Ya que no pudo deshacerse de él, fue ella la que escenificó su gran final. Cambio de nombre y de vida.

Y allí creció Paquita siguiendo el legado de su madrina, cambiando el ser la primera dama del teatro en el Siglo de Oro por ser una mujer libre. Ayudando a otras a serlo en aquella sierra de Murcia donde casi nadie llegaba.