¡Saludos, Tinteros y Tinteras!
Fernando Figueroa Saavedra ha vuelto a
contactarnos para darnos a conocer a su última novela Comillos de metal en ¿Qué te
cuentas?, una novela que nos pone los dientes largos desde antes de abrir
la tapa. ¿Por qué será?
¿Cómo
se originó esta novela, en la que vuelves a combinar lo paranormal con el rock
y Vallecas?
Me apetecía retomar al personaje del
Tralla y su panda de amigos, después de pasarlas canutas en Expediente Bélmez. Quería saber qué
podía haber sido de ellos pasado un año de sus vidas y enfrentarlos a otros
retos, retos peliagudos como afrontar una posible invasión vampira en su propio
barrio.
¡Vampiros!
¿No está ya muy visto el tema?
Pero no a nivel barrial y en el entorno
madrileño. Es interesante plantear ciertas situaciones en espacios y épocas
próximas... Bueno, yo siento los años ochenta próximos porque soy un boomer, pero creo que es un plus
plantear ciertos temas de explotación en un contexto popular y urbano con todas
las problemáticas de un barrio obrero y las preocupaciones juveniles, famliares
y laborales y del día a día, entrelazándose con lo sobrenatural.
¿Casa
bien reunir vampiros con la Movida madrileña?
Bueno, no lo ligo con la Movida, sino
con el Rollo del rock, esa otra «movida», para mí más original y auténtica que
la vertiente popera. Y sí, casa bien porque el heavy metal tiene ese lado «fantástico» y «esotérico» que va
pidiendo guerra por ese lado. Además, Tralla practica magia a lo Aleister
Crowley, como buen émulo de Black Sabbath o Alice Cooper y eso abre más
posibilidades que meter por medio a Alaska, Tino Casal o Radio Futura.
No
deja de ser una novela urbana por su carga de crítica social, pero ¿es una novela
de terror?
Si el lector busca escalofríos o girar
la cabeza al mínimo ruido, no le va a pasar. Más que terror hay misterio,
intriga, y bastante humor por el simple hecho de que Tralla y sus colegas se
meten en situaciones muy locas y responden a ellas con reacciones la mar de
naturales y originales. En ese sentido, las peripecias sexuales de Tralla,
imprescindibles como corresponde con un rockstar,
se llevan la palma.
¿Pero
hay novedades sobre eso?
Sí, bueno, el pobre anda con dudas
existenciales que le afectan sexualmente. Navega en los insondables misterios
de la sexualidad masculina como pez sin cabeza. Para más inri sufrirá el acoso
de una groupie, cosas del directo.
¿Es
una novela erótica entonces?
Más bien picante, spicy, como se dice ahora, tirando a golfa.
¿Hace
falta leer Expediente Bélmez para
leer Colmillos de metal?
No estaría mal habérselo leído, sobre
todo por algún recurso o acontecimiento que podría olerle al neófito a deus ex machina, pero que tiene su
sentido si se conocen ciertas cosas ocurridas en la anterior entrega. Pero
vamos, es tan autoconclusivo como mis anteriores novelas urbanas o negras y entrecruzando
historias, que en momentos es una auténtica pieza coral.
Repites
fórmula con la cubierta, al menos en la versión en papel.
Sí, es parte del concepto de la serie.
He repetido el diseño a modo de la revista de parapsicología y ocultismo Enigmas, muy característica de aquellos
años. Para el Kindle, se ha simplificado el diseño por eso de clarificar la
imagen en un formato chico y favorecer la captación visual rápida del concepto.
El motivo es una imagen de un rincón de Entrevías vacío de gente. La ausencia
de gente en la calle es algo muy inquietante en un barrio de periferia.
¿Has
contado con lectores beta?
Me echó una mano Mirari Bueno, con la
que he colaborado en las ondas de la radio en sus programas en Radio ValleKas y
Onda ValleKana. Como aficionada a la literatura gótica, seguidora de mi carrera
y conocedora de mi estilo de hacer las cosas, me interesaba su opinión. Fue
favorable y decidí darle salida.
La
propuesta está clara: comprobar cómo sería que hubiese vampiros en Vallecas,
pero ¿hay más mensaje?
Sí, claro que lo hay. Aprovecho esta urban opera para hablar del tema de la
heroína en los ochenta, el azote de las drogas en aquellos años y que machacó a
buena parte de una generación de jóvenes y reestigmatizó de nuevo los barrios
obreros. Planteó ciertas cuestiones alrededor de lo que supuso un problema así
entre los vecindarios, los jóvenes y las altas esferas. Tanto trato cuestiones relacionadas
con la industria musical o la lucha —o más bien el choque— de clases. A Tralla
los pijos como que le cuesta tragarlos. No así las pijinas. ¡Es el Tralla!
También toma más protagonismo el ámbito familiar. Me quedé con ganas de darle
más foco a la familia Ovejero y darme el gustazo de perfilar a todos sus
miembros y los choques generacionales de aquella época en las familias obreras.
¿Cómo
definirías el género de esta novela, en tres palabras?
Urbano, rockero y paranormal. ¿Te vale
así? En una palabra, te diría que yuyuvallekanero.
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