Expediente Bélmez, Fernando Figueroa Saavedra

Hoy traemos a Fernando Figueroa Saavedra que vuelve a la sección "¿Qué te cuentas?" para darnos a conocer a su obra Expediente Bélmez, obra de una temática que viene como cogida de la mano de la actual edición del concurso. Así que vamos a escucharle. ¿Cómo se te ocurrió esta novela que combina el género urbano y el paranormal? Todo partió de un personaje de mi novela Pentesilea: el Tralla. Me apetecía darle más cancha. Aparte, me interesaba dar visibilidad al barrio de Entrevías como escenario de una historia de ese estilo, y ahí entra que estableciese esa asociación entre los fenómenos que ubico en la calle de Bélmez en 1984 y los que acaecieron en el pueblo de Bélmez la década anterior, las famosas caras de Bélmez. Sinopsis ¿Cómo es eso de mezclar novela urbana con paranormal? Sinceramente, es una forma de rehuir el cliché de mansiones o castillos encantados y llevarlo a un paisaje de andar por casa, como es un barrio obrero. Igualmente, me apetecía meter a unos chicos de

El rompecabezas blanco. Jose/p Seguí Dolz.




¡Hola, Tinteros!

Hoy recibimos a Jose/p Seguí Dolz en el Tintero de Oro con su novela El rompecabezas blanco. Os dejo con su presentación que, seguro, os va a encantar.

Jose/p Seguí Dolz
El rompecabezas blanco


¡Hola! Soy Jose Seguí. O eso parece que dice mi carnet de identidad. ¿De qué? Bueno, voy a dejar eso de la identidad para otro rato que no solo como psicólogo social sino como persona humana es uno de mis temas y me enrollaría con mucha facilidad.


Domingo por la noche. Veintitrés de abril de 2022. Hoy se celebra el día del libro.

Acabo de cenar ligerito. Últimamente no me encuentro muy bien y me conviene cuidarme. Mientras me alimento releo La vida instrucciones de uso (1978) del escritor francés Georges Perec. Me encanta.

Aparto el plato, cierro el libro y lo dejo a un lado. Abro mi ordenador portátil ese pequeñito (¿note book?) y me pongo a escribir. Eso de el rompecabezas blanco de que habla el francés me ha transmitido más de lo que me esperaba y me obliga —es un decir— a ponerme ante el teclado y machacarlo con dos dedos (y gracias) de cada mano como suelo hacer.

De repente, empieza a dolerme mucho la cabeza. No es el dolor característico de quien, como yo, suele pasar horas y horas delante de la pantalla del ordenador que se va con una aspirina o similar y un poco de descanso. No. Ni aspirina ni .

Me asusto. Esto no me había pasado nunca. Ni me ducho ni me cambio de ropa. Recuerda, es domingo (y no he salido de casa en todo el día ni ha venido nadie a verme así es que voy en pijama tal cual). Llamo un taxi y me voy a urgencias del hospital más próximo.

Pruebas y más pruebas. Diagnóstico: Infarto cerebral subagudo. Por suerte —según me informa la neuróloga—, las consecuencias son las menos graves del amplio espectro de lo que me podía haber sucedido. No he perdido movilidad en mis extremidades u otros órganos neurocontrolados ni me he muerto (eso parece evidente). Una de las cuatro arterias que alimenta mi cerebro ha quedado inutilizada para siempre (no hay operación ni nada parecido posible) y tendré que acostumbrarme a vivir medicado, con mareos, dolores de cabeza y otras molestas circunstancias lo que me quede de vida. Pues bien, ¿qué le vamos a hacer? Ese soy yo por ahora; no me apetece contar mucho más. Y lo que pudiera decir tampoco tiene mucha importancia. O sea que... Eso.

Me quedo ingresado en observación.

Tengo fuertes ¿alucinaciones? Por ejemplo, veo un señor mayor al lado de mi cama que me dice que no me preocupe, que él estuvo varios días en este mismo lecho la semana pasada y que al final se le paró el corazón y se fue al otro lado y que no pasa nada malo por eso. Yo no creo en algo más allá de la parada de corazón; pero, obviamente, me cago en los pantalones del pijama que todavía llevo puestos. No quiero irme a ningún otro lado más que a mi casa, coño.

La especialista en neuronas me asegura que las ¿alucinaciones? se me pasarán en unos días tomando la medicación adecuada.

Ya veremos.

Desde luego que no me encuentro nada bien aunque ya no me duela la cabeza. ¡Odio los hospitales! Pero lo que más me jode es que no he agarrado mi portátil y no voy a poder seguir escribiendo la novela que ya hace un par de meses que he empezado con mucha ilusión: El rompecabezas blanco. El amor y la guerra en los tiempos modernos. Dedico a ella casi todo mi tiempo.

Espero que el ingreso no sea demasiado largo. Echo mucho de menos mi portátil, mi cocina —que es donde suelo escribir— y a Bohdana, de quien me he enamorado en la novela. Por cierto, creo que he venido a estos papeles a hablar de ella, de la novela, y apenas aún lo he hecho.

Pues sí, Bohdana es una de las protagonistas y yo, como Joel (otro de los protagonistas), me he enamorado de ella. Y mucho. Tanto que sufro demasiado todo el doloroso proceso prebélico y ya plenamente bélico (perdón por la repetición) que se narra.

Sí, esta novela va —como no cuesta mucho deducir por su título— de amor y de guerra y la trama está como atravesada por un extraño rompecabezas blanco del que no voy a contar ya nada más por aquí.

Y tampoco mucho de la francesa y rubia Sophie, Aureli (alto cargo del Partido Comunista y director del periódico El Pueblo Unido en el que Joel publica sus incendiarias columnas políticas), Toñi (trabajadora de la limpieza y quien sabe si algo más) u otras personas que van apareciendo por aquí y por allá cumpliendo con papeles a veces bonitos y otras no tanto, la verdad.

Y es que si cuento mucho entonces ya te sabrás la novela (más o menos) y no la comprarás. Y, honestamente, me interesa que la compres. No tanto por el dinero en sí (que es poco; lo que toca y ya está bien) sino porque uno escribe primero que todo para uno mismo (sea eso lo que sea) y luego, claro está, para que las personas como tú lean lo escrito. Si no, ¿pa qué? Bueno, si eres menor de edad o política o sexualmente muy sensible, mejor que no la leas; ya lo advierto en la propia novela.

Pero bueno, algo tendré que contar, ¿no?

Pues bien. Resulta que llevo bastante tiempo observando que en este país (España, especialmente desde que tenemos un gobierno aproximadamente de izquierdas) manda mucho —demasiado— el Poder Judicial. Sí, también el eclesiástico, el militar y etcétera. Pero el de los jueces se hace más patente que cuando gobernaba el PP (organización ultraliberal, de derechas y fundado por los herederos ideológicos, si a eso se le puede llamar «ideología», directos de Franco). Obviamente estoy generalizando y no hay ninguna duda de que existen jueces, militares, curas y políticos de derechas que son buena gente. Y más después de unos cuarenta y cinco años de Sagrada Democracia. Pero es que los malos parece que aún no se han enterado y cantan mucho. Y son muchos, ¡no jodamos!

Cantan los jueces, por ejemplo, desde la ligereza con que, a veces, tratan a violadores y maltratadores probados de mujeres y niñas hasta la dureza con que aplican y ordenan determinadas acciones judiciales y policiales en casos como, por ejemplo, el referéndum de Catalunya del año 2017. ¡Y no digamos lo de la ilegal no renovación de los miembros del Consejo General de Poder Judicial! ¡Vaya tela marinera!

Repito e insisto en que —y no me cansaré de hacerlo— estoy generalizando; no señalo a nadie en concreto. Tal vez en la novela sí.

Bueno, total, que algunos jueces, políticos, empresarios, miembros de la Iglesia Católica y militares se juntan y la lían otra vez; como en el año 1936 pero en los tiempos modernos, vaya.

Y el consecuente devenir bélico, violento, sangriento y cruel que implica cualquier guerra influye muy notablemente en los y las protagonistas de la novela, algunos de quienes ya han sido nombrados.

¡Ay! Que no se me olvide. Al final la guerra la ganan los malos. No me importa adelantarlo. De hecho, las guerras siempre las ganan los malos… Creo.

Tras recibir el alta y a pesar de la seria advertencia médica de mantener reposo absoluto, me voy directo al ordenador. ¡Necesito tanto reencontrarme con mis amores y mis odios, con mis querencias y ansias de venganza, con mi curiosidad por ver si las cosas vuelven a la normalidad política e institucional (ya sabemos que no; en fin)…! Y en unos tres meses más tengo finalizada la narración. Otro tanto de intensas revisiones y correcciones y… ¡a buscar editorial!

Pero antes la portada. Como siempre, se la confío a mi gran amigo de Michoacán, México, Guillermo, Memo, García Figueroa (https://www.instagram.com/megafi41). En muy poco tiempo la tengo y… ¡me encanta! No sé, creo que dicen por ahí que la portada juega un papel importantísimo en la decisión de compra de una novela. Si esto es así, ¡esta va a ser súper ventas seguro! Gracias, Memo.

Y ya con todo más o menos completito (novela bien revisada, portada, resumen, carta de presentación,…) pues la envío a Atlantis Ediciones (https://www.edicionesatlantis.com) a quienes no conozco bien hasta la fecha (aunque tengo buenas referencias) y que veo que tienen abierta la recepción de manuscritos. El mismo día me confirman que lo han recibido todo y en ¡menos de diez días! me escriben anunciando su interés en publicar mi novela. ¡Es casi imposible explicar por aquí mi alegría! Por cierto, en mi página web está reproducida (con permiso, por supuesto) la carta de aceptación, por si te interesa leerla y hacerte una idea más amplia de la obra: https://www.josepseguidolz.info/el-rompecabezas-blanco.

Una vez publicada (con todo lo que ello conlleva) evidentemente hay que darla a conocer. Y en eso estamos. El pasado día catorce de septiembre hicimos una presentación presencial en Valencia (ver fotos en las que me acompañan Luana Bruno, profesora e investigadora postdoctoral de la Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares, Madrid; y mi sobrino Daniel Anchico, estudiante de informática, experto en videojuegos y discutidor nato, como yo) y ya estamos preparando nuestra presencia en otras ciudades. Todo llegará. Al mismo tiempo la editorial va haciendo su camino. La novela ya está a la venta en su web: https://www.edicionesatlantis.com/libro/el-rompecabezas-blanco-el-amor-y-la-guerra-en-los-tiempos-modernos y muy pronto estará disponible en librerías y grandes plataformas. Avisaremos (web, RRSS, etc.).


No me gusta decir a nadie lo que tiene que hacer ni mucho menos pensar. Pero cuando uno o una escribe (o en cualquier otra ocasión) resulta casi inevitable transmitir algunas ideas sobre algunos temas a veces bastante controvertidos, como en este caso puedan ser los aspectos políticos que pululan por toda la obra. Desde luego que no reniego de ellos. Los he escrito yo (sea mi yo real o mi yo alucinado, da lo mismo). Y no limito el derecho —¡faltaría más!— de la lectora o el lector a reflexionar consigo mismo o misma o con sus amistades, colegas, familiares,… y a opinar lo que quiera. Aunque bueno, reflexionar un poquito de vez en cuando acerca de los peligros del aumento de las ideologías claramente fascistas (incluso nazis; no sé si hay mucha diferencia) en todo el mundo (incluyendo países «tan» democráticos como este) me parece que no es un mal ejercicio mental e incluso ético.

Si bien todo parecido con la llamada «realidad» es absolutamente intencionado, cada cual es libre de interpretar y pensar lo que quiera, sin duda. Una vez el libro sale de mis manos deja de ser mío, si es que lo ha sido alguna vez…

Está claro que si el Consejo General del Poder Judicial (o el Tribunal Supremo o el Constitucional o quienes quiera que estén a su servicio) viene en bloque a por mí lo voy a tener más que crudo. Es evidente que no habrá ningún abogado (y menos de oficio; de pago no puedo) que quiera defenderme. Lo digo porque estos organismos están citados con todas sus letras. Igual que lo está un tal Eme Punto Rajoy. Pero este me preocupa menos porque el que todos sabemos quién es negó en sede judicial serlo (¡ja, ja, ja; así van las cosas, sí!) y lo hizo como testigo. Según tengo entendido (aunque para nada soy persona de leyes) los testigos están obligados a decir verdad en esas sedes, a diferencia de los acusados. ¿Es así?

En fin, que entre unos y otros la lían bien liada como creo que ya he dicho. Involucran a Joel, a su jefe, Aureli, a la señora de la limpieza —Toñi—, a Bohdana y su hermana Anichka (¿menores de edad las dos?) que han inmigrado «ilegalmente» desde Rumanía buscando una vida mejor, y a la exuberante Sophie, la chica francesa (eso de «exuberante» creo que no lo había dicho antes y espero y deseo de verdad que la expresión no suene machista; pero me la ha dictado al oído un duende de la Literatura de quienes ya he hablado y lo volveré a hacer en otras ocasiones). También a Cristina, la anterior novia de Joel (a pesar de estar casado con Yolanda; quien esté libre de pecado… o algo así creo que dice alguien muy famoso), a la pobre Capricho, una prostituta transexual de por la parte baja de Las Ramblas de Barcelona, al Presidente del Gobierno… En fin…

Aunque creo que no hay influencias directas clarísimas de ningún autor mucho más conocido que yo (eso es fácil) he de decir que TODO me influye, sobre todo todo lo que leo. Y así, quiero aprovechar estas breves líneas para rendir un sentido homenaje a mis grandes maestros: Haruki Murakami, Juan José Millás, Javier Marías, Carlos Ruiz Zafón, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Michel Houellebecq, el propio Perec, Franz Kafka, Stephen King y tantísimos otros que mejor me callo o llenaría miles de páginas solo con sus nombres. Y no estoy presumiendo de ser un gran lector. Para nada. Por favor, que nadie se lo tome así.

Por si te resulta de interés te contaré antes de terminar estas líneas que esta es mi cuarta novela. Antes he escrito y publicado La esencia de las cosas; Lo que tenga que ser, será y La chica que ha perdido el norte. Y dos volúmenes de ensayo de Psicología y Ciencias Sociales y afines: Mentalidad humana. De la aparición del lenguaje a la Psicología construccionista social y las Prácticas Colaborativas y Dialógicas y Sociología para no iniciados y otros ensayos insolentes. Construccionismo social en la vida cotidiana. Puedes encontrar más información de todas ellas en mi página web: https://www.josepseguidolz.info. Pronto tendrás más información sobre algunos de mis proyecto. Entre otras cosas ya tengo dos nuevas novelas terminadas y en proceso de revisión/corrección. Y a ratitos estoy trabajando en un proyecto diferente y apasionante que por ahora se titula: Cuentos incompletos, poemas inacabados y fotos rotas. ¡Me lo estoy pasando de puta madre! Como siempre que escribo, por cierto. O sea, siempre.

Sé que el ataque cerebral relatado al principio (perdón por haber empezado por eso y no contando lo bonito que está el campo ahora a principios de otoño, o de primavera en América Latina) no es una buena manera de iniciar una narración aunque sea tan breve y personal (¿personal?) como esta. Perdón.

¡Ay! Que no se me olvide. El rompecabezas blanco está ya disponible en la web de la editorial. Muy pronto lo estará en tu librería favorita y en grandes plataformas. https://www.edicionesatlantis.com/libro/el-rompecabezas-blanco-el-amor-y-la-guerra-en-los-tiempos-modernos.

Ya me contarás.

Utilizo indistintamente mi nombre en valenciano/catalán (Josep) o en castellano (Jose). No me preguntes por qué; no lo sé. No me molesta en absoluto si alguien lo usa en inglés (Joseph) o en su derivado Josef. El nombre propio es una de las características identificatorias más destacadas de las personas. Pero en mi caso… bueno, mejor lo dejo, que tiendo a dar demasiadas explicaciones que no conducen a nada.

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Muchas gracias Jose/p por tu presentación, esperamos que tengas muchísimo éxito con tu novela, seguro que sí.
Si os apetece hablarnos de vuestro libro, visita la sección Queremos que nos hables de tu libro y escríbenos. Nos encantará leerte.

     ¡Saludos, Tinteros! 

Comentarios

  1. Un peculiar autor con una obra singular, atrevida y grotesca como la vida misma. Gracias.

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    1. Muchas gracias, Fernando. "... como la vida misma...". Sí.

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  2. Una obra que bien pudiera ser una situación real de la vida misma. Me congratula conocer un poco al autor. Enhorabuena y mucho éxito. Abrazos

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    1. ¡Gracias, Nuria! Abrazos de vuelta. Y sí, ojalá tenga "éxito", aunque he de confesar que tu comentario ya lo es...

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  3. Un autor diferente. Parece muy conciezado con la ley, y bastante a disgusto con situaciones comunes en España.

    Gracias por traerlo. Mi enhorabuena para él, y mil éxitos para sus libros.

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  4. Hola, Josep. Una presentación que es en sí misma un relato. Gracias por dejarnos entrar un poquito en tu mundo y mucha suerte con esa novela que comienza su andadura.

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    1. Encantado y agradecido, Marta. Tomo nota, sí, a ver si hay suerte, que falta nos hace...

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    1. No entiendo, Recomenzar. ¿me puedes aclarar el comentario? ¡Gracias!

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  6. Hola, Josep, coincido con casi todos los que han comentado. Una novela atrevida, que se ve muy personal y expuesta de una manera muy singular, como un relato muy acertado. Gracias por compartirla.
    Un abrazo!

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    1. ¡Hola, Pepe! Me encanta tu comentario y me ayuda a seguir escribiendo. Eso no tiene precio. ¡Abrazo de vuelta!

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  7. Hola Josep me ha parecido muy interesante todo lo contado. Suerte con tu novela. A cuidarse. Un abrazo.

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  8. ¡Hola! Después de leer la presentación del libro desde luego se me ha despertado la curiosidad por él y si tengo la oportunidad de ver la presentación en vivo lo haré.
    Un saludo y a cuidarse.

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  9. Hola, Josep. Interesantísima presentación, la temática me encanta y las perlas que has ido dejando en tu texto hacen que me apetezca leer el libro aún más. No me extraña que hayan accedido a publicártelo y no me puedo ni imaginar tu alegría al recibir la carta de aceptación del editor. Eso debe de ser indescriptible, desde luego. Pues lo dicho: aquí tienes un lector asegurado. Un saludo y mi enhorabuena.

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    1. ¡Muchísimas gracias, Enrique! Me alegro mucho y te he de decir que tu comentario me ha emocionado. Gracias también por eso.

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  10. ¡Hola, JOsep! Original presentación. Suerte con la novela.
    Saludos

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  11. Hola Merche y Josep. Una novela que por lo que se comenta en la entrada parece atrevida y que se interna en caminos poco correctos políticamente. Eso la hace más interesante. Enhorabuena por la publicación y te deseo gran éxito. Un saludo!

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    1. ¡Muchísimas gracias, Jorge! Perdona que haya tardado en contestarte. ¡Saludos de vuelta!

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