Escribiendo a hombros de Dashiell Hammett: ¡HISTORIAS DE DETECTIVES ASOMBROSAS!

Podríamos buscar mil razones que expliquen por qué las historias de detectives llevan más de 150 años siendo devoradas por los lectores, pero para no liarnos demasiado creo que podemos mencionar la principal: porque molan, como diríamos en los ochenta. Molan y mucho.     Ya sea un detective de la escuela de Poe, Conan Doyle o Agatha Christie, para quienes la razón es su mejor arma, o bien de la escuela de Hammett, Chandler o Ian Fleming, cuyos detectives se desenvuelven mejor con la ironía y un revólver, todos ellos han conseguido cazar a cada generación de lectores.     En el ebook de este mes veintinueve nuevos detectives nacen bajo la estela de Dashiell Hammett y, por supuesto, de Sam Spade.

CÓMO ATRAPAR A UN LECTOR: 3. NARRAR CON CONTINUIDAD

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    ¡Toc, toc! Tinteros ¡Toc, toc! Tinteros ¡Toc, toc! Tinteros. Bueno, seguro que muchos habréis pillado a quién he imitado con este inicio. El tres es un número mágico en Narrativa, casi tanto como el tercer pilar, ¡casualidad!, que Ángel Zapata nos propone en su libro La Práctica del Relato como base para construir nuestras historias. ¡Damas y caballeros recibamos con un fuerte aplauso a…!

LA CONTINUIDAD EN NUESTRA NARRACIÓN


«Una vez captado el interés del lector estoy por deciros que la obligación de un escritor es resultar ameno. Escribir es interesar y por eso la atención del lector debe deslizarse de una frase a otra, de una acción a otra, sin un especial esfuerzo por su parte.» 
Ángel Zapata, La Práctica del Relato 
   Amenidad, interés y atención. Preguntarse qué es causa de qué nos llevaría al clásico «qué fue primero: ¿el huevo o la gallina?». Leo porque es interesante y es ese interés por su lectura lo que me resulta ameno y atrapante; ¿o leo porque es ameno y por tanto consigue atrapar mi atención…? Bueno, podríamos seguir combinando los factores, pero sería repetirnos una y otra vez. Algo que en esta entrada vamos a hacer… y mucho. Porque el tercer pilar que nos propone Ángel Zapata sobre el que construir nuestro relato es la continuidad y esta se consigue siendo redundante, repitiendo. 

   ¿Cómo? ¿Pero no es la repetición la primera causa del aburrimiento? ¿No es acaso la sucesión de novedades el gancho para entretener? Sí, pero como todo en la vida, en su punto medio. Porque un lector te puede abandonar tanto por aburrimiento como por sentirse abrumado de datos.

  ¿Un ejemplo?

«Federico nació en Madrid. En uno de los municipios periféricos también llamados ciudad-dormitorio. Era muy tímido, pero, sobre todo, despistado. Conoció a Rosa el día en el que el Real Madrid volvió a ganar la Copa de Europa después de tantos años. Ella, que por aquel entonces vestía minifalda y camisetas escotadas, era amiga de Vicky, la única chica con la que hablaba en clase. Era bastante floja en los estudios, pero le resultaba simpática. Su madre decía que lo importante era encontrar buenas personas. Que ello estaba por encima de la belleza. Todo lo contrario de lo que pensaban los chicos de su edad. Marcos, por ejemplo, solo se sentaba al lado de Sofía, que era de origen húngaro. Por esa razón en ese curso hicieron un trabajo sobre Budapest que le resultó interesante. No había salido todavía de España al contrario que su padre que, a su edad, ya había emigrado a Alemania para trabajar en las peligrosas minas de carbón de Essen.»

  
   Venga, pregunta rápida: ¿Cómo era la camiseta de Vicky? ¿O era de Rosa? ¿Tal vez Sofía? Es un ejemplo intencionadamente exagerado para que sirva como terapia de shock que nos haga ver la importancia de la continuidad. En el texto aparecen tantos personajes, tantos datos e informaciones deslavazadas que es imposible que el lector pueda retenerlos todos. Cuando he preguntado por la camiseta de Vicky puede que hayáis vuelto a leer el texto para confirmar si era de Vicky o de Sonia o de Rosa. Eso es exigir mucho del lector, es sacarlo de la historia. Un texto así abruma, obliga a retener detalles que se van acumulando junto al torrente de nuevas informaciones. ¿Cuánto de su valioso tiempo dedicará el lector a ello? La historia no fluye, la atención se agota, se pierde el interés y todo eso es lo contrario a una lectura amena.

   La obligación de un escritor es resultar ameno, como se recoge en el texto de Zapata con el que he comenzado la entrada y creo que todos estamos de acuerdo. Incluso la Real Academia de la Lengua. Fijaos cómo define «Ameno»: 

«Definición de la RAE para el término "Ameno": Grato, placentero, deleitable. Escritor ameno, conversación amena.»

  No creo que sea por casualidad que la RAE, de la infinita lista de cosas amenas, haya escogido al escritor como uno de los ejemplos. Así que, salvo que nuestros lectores tengan tendencias sadomasoquistas, es recomendable intentar que la lectura no le suponga esfuerzo y le resulte una experiencia agradable.

   Para conseguir esa amenidad, la historia, además de ser narrada con naturalidad y con visibilidad como vimos en las entradas anteriores, debe tener continuidad. ¿Por qué? Pues porque a excepción de los que tengan una memoria eidética, como la de Sheldon Cooper, el resto de los mortales contamos con una memoria a corto plazo limitada. En lo que respecta al acto de atención lectora, la memoria a corto plazo abarca unas quince palabras.



  Es decir, conforme leemos relacionamos los nuevos datos con los anteriores y de esa manera conseguimos comprender lo que se nos cuenta. Por tanto, si esa es la manera en la que trabaja nuestro cerebro, la manera de que la lectura sea fluida pasa porque nuestra narración contenga al mismo tiempo informaciones nuevas e informaciones conocidas para ahorrarle al lector el doble trabajo de leer y de, además, retener información. 

  ¿Qué sucede en el texto que he escrito a modo de ejemplo? Pues que cada frase es una información nueva, sin un hilo conductor que la dote de continuidad, el lector debe memorizar en cada frase un dato nuevo sin saber qué es importante y qué no. Y eso le supone un esfuerzo, una traba que impide la magia de la inmersión ficcional, que es ese momento mágico en el que todo lo que nos rodea desaparece y por nuestra mente solo se suceden las imágenes de la historia que estamos leyendo. 

  La obligación del escritor es conseguir que el acto de lectura sea ameno —¿cuántas veces lo he escrito esto ya?— y para eso debemos pensar en nuestro lector, prever dónde puede perderse, dónde podemos saturarlo, en qué punto puede decidir cerrar el libro cansado de releer, de memorizar o hasta de anotar en los márgenes del libro esquemas para no perderse. Esto último me ha pasado más de una vez, sobre todo, en las historias de Fantasía. Me he encontrado muchas en las que el escritor parece tan ansioso por mostrarnos todo el mundo ficticio que ha creado que leer un solo párrafo es agotador.

  Me refiero a algo así:
«Hace incontables lunas, antes de que las hordas del reino de los necromantes invadieran las tierras de los pacíficos gnómicos y que el mago oscuro Malvadal, aquel que mantenía en la más absoluta armonía el mundo de los vivos y el Reino de las almas olvidadas, instaurara su maligna tiranía que arrasara al pueblo élfico, existía una pequeña aldea de enanos gobernados por Alakin. Alakin, hijo de Alakon, el que consiguió derrocar al gran dragón del volcán de Bandor, gobernaba su reino con paz y justicia. Junto a él, el mago blanco, Jernión, garantizaba la coexistencia con los espíritus de más allá del arcoíris negro que, en ocasiones, trataban de cruzarlo, siendo reprimidos mediante ritos, conjuros y hechizos de barreras o ceremonia de expulsión. 

    Pero no todo era dicha en el corazón de Alakin, puesto que su hijo, el príncipe Alakito, falleció en la batalla del río de las ánimas oscuras y desde entonces el rey, otrora cercano con su pueblo, permanecía en sus aposentos rogando a los dioses de las estrellas una señal que le indicara que su hijo había alcanzado el Jumbalán.»



  Puff… Durito, ¿eh? He exagerado, aunque he leído textos muy parecidos. Por mucho que el autor se haya esforzado en crear un mundo de fantasía —algo admirable—, exponerlo de esta manera abruma, te obliga a llevar una guía de personajes, lugares y hechos para no perderte. Pero por muy buena que sea la predisposición del lector no tardará demasiado en abandonar, cansado de releer para asimilar toda esa información.

¿Cómo conseguir la Continuidad en nuestra narración?

     Os propongo tres recursos. El primero es lo que se aconseja en La Práctica del Relato, los otros dos creo que también nos pueden servir a este propósito.

1. Entender cada capítulo, cada párrafo o cada frase como una unidad de significado. 

  Al escribir un relato, y no digamos en una novela, debemos preguntarnos qué queremos decir en esta frase, en este párrafo, en este capítulo. Ni más, ni menos. Y esa idea central es sobre la que debería girar la frase, el párrafo y el capítulo. Es la redundancia. Zapata aconseja: 
  1. Que la narración se apoye en palabras e ideas repetidas. ¡Ojo! No vale cualquier repetición, solo la de aquellas palabras verdaderamente importantes, aquellas que nos interesa que queden en el lector.
  2. Enfocando la misma idea de manera distinta. 
   Os propongo el siguiente ejemplo, es del escritor Horace McCoy y con él inicia su novela negra ¿Acaso no matan a los caballos? 

«Me puse en pie. Por un instante vi nuevamente a Gloria sentada en aquel banco del muelle. El proyectil le había penetrado por un lado de la cabeza; ni siquiera manaba sangre de la herida. El fogonazo de la pistola iluminaba todavía su rostro. Todo fue de lo más sencillo. Estaba relajada, completamente tranquila. El impacto del proyectil hizo que su cara se ladeara hacia el otro lado; no la veía bien de perfil, pero podía apreciar lo suficiente para saber que sonreía. El fiscal se equivocó cuando dijo al jurado que había muerto sufriendo, desvalida, sin amigos, sola salvo por la compañía de su brutal asesino, en medio de la noche oscura a orillas del Pacífico. Estaba muy equivocado. No sufrió. Estaba muy equivocado. No sufrió. Estaba completamente relajada y tranquila y sonreía. Era la primera vez que la veía sonreír. ¿Cómo podía decir pues el fiscal que sufrió? Y no es verdad que careciera de amigos.
   Yo era su mejor amigo. Era su único amigo. Por tanto, ¿qué era eso de que no tenía amigos?» 

    No habría hecho falta, pero he resaltado en negrita todas las repeticiones de ideas (muelle, cara, proyectil, amigos, relajación) que aparecen en el texto. ¿A que no entorpecen su lectura? Al contrario, logran un énfasis que le quedará al lector durante el resto de la lectura. Como afirma Zapata: la repetición de palabras esenciales con un tono natural y empático pasa desapercibida por el propio interés de la historia. En el texto, ¿os habéis fijado en la última frase? Es su único amigo, y la mató. A fuerza de repetirlo nos lo ha grabado en la mente y, además, el lector da por supuesto que eso va a ser fundamental en la historia.


2. La caracterización de los personajes

    Antes hemos mencionado la memoria eidética de Sheldon Cooper, el personaje capital de la serie BIG BANG THEORY, que seguro habréis visto en alguna ocasión. De entre las manías de ese científico destaca su obsesión por sentarse siempre el mismo asiento de su sofá y no dejar que nadie más ose ocuparlo; también es icónica su manera peculiar de llamar a la puerta de la guapa y rubia vecina: TOC, TOC, PENNY, TOC, TOC, PENNY, TOC, TOC, PENNY.  ¿Qué consiguen los guionistas con esto? Algo tan fantástico como que cuando en alguna escena veamos a alguien ocupando su asiento, ansiemos el momento en el que Sheldon aparezca y reaccione. O que cuando no se produzca esa llamada triplicada nos quedemos expectantes ante la anomalía.

  Dotar a los personajes de peculiaridades y mostrarlas a lo largo de la historia provocará el efecto mágico de que el lector empatice con ellos. No solo memorizará esas peculiaridades, sino que participará de ellas. Complicidad, empatia... Si conseguimos eso en el lector, significará que lo hemos atrapado sin remedio.


3. La regla de 3

   Llegamos al número tres. Los tres mosqueteros, la Santísima Trinidad, los tres cerditos, los tres reyes magos, ¿recordáis esos chistes que comienzan con un inglés, un francés y un español? El tres es un número mágico en narrativa. ¿Acaso no se aconseja dividir la historia en tres partes: Inicio, nudo y desenlace? En retórica existe una figura llamada el Tricolón, que es cuando utilizamos tres elementos o palabras para configurar una frase rotunda, de esas que se quedan en la mente por los siglos de los siglos. ¿Os suenan las siguientes? 

Esto costó sangre, sudor y lágrimas

Veni, vidi, vici

Libertad, igualdad y fraternidad

Ver, oír y callar

Por tierra, mar y aire.

Oro, incienso y mirra.

Toc, toc, Penny; toc, toc, Penny; toc, toc, Penny 

    En el texto de McCoy, si nos fijamos en la última frase resplandece un tres antológico: «Yo era su mejor amigo. Era su único amigo. Por tanto, ¿qué era eso de que no tenía amigos?» 

   El 3 es mágico en narrativa y bien podemos tomarlo como medida de todas las cosas. Puede ser un buen límite de información nueva por capítulo y hasta por párrafo; en las descripciones, el máximo de características del personaje o el entorno para que nos obliguemos a que sean significativas y que jueguen un papel importante a posteriori; en los diálogos, para intercalar una acotación por cada tres intervenciones y a sí no perder el ritmo. A que cuando haya algo que sea importante para el final lo avancemos hasta en tres ocasiones. Por ejemplo, la clásica pistola de Chejov. Si nuestro protagonista va a morir al final por un disparo, que esa pistola haya aparecido en tres ocasiones: si solo lo hiciera en una, pasaría desapercibida; en dos, creamos expectativa; con la tercera, se cierra el triángulo, todo cobra sentido. Disparamos al centro de la diana.

   En definitiva, para atrapar a un lector debemos pensar en él, intentar conseguirle una experiencia lectora que fluya sin un esfuerzo especial, que consiga la magia de que su mente abandone el mundo real para entregarse en el mundo creado por ti. Leemos porque es una experiencia placentera, grata y deleitable. Lo dice la RAE, que algo sabrá en esto de escribir, ¿no? Así que hagamos la vida fácil a nuestro lector.

  Y antes de acabar, ¿intentamos arreglar el ejemplo inicial conforme a lo que hemos comentado? Sí, aquel de Federico, la camiseta de Vicky y no sé cuántas cosas más. Para ello escojamos solo tres informaciones del texto. Por ejemplo: 1. el carácter despistado de Federico; 2. el colegio y 2. la chica húngara. ¡A ver qué sale!

  «Federico, en su adolescencia, era un joven tímido y callado. Por eso, y porque en su aula había un número impar de alumnos, siempre se sentaba solo. Aparte de ser tan reservado, también era despistado. Muy despistado. Tanto como para que, al terminar la clase, la profesora tuviera que dedicar unos minutos con él para anotarle los deberes que debía realizar en casa. La suerte fue que empezado ese curso llegó Sofía, una guapa chica húngara que vestía minifaldas y camisas escotadas. Desde entonces, Federico ya no volvió a sentarse solo y como Sofía apenas entendía castellano congeniaron enseguida. Tanto que siguieron sentándose juntos aun cuando ella ya dominaba el idioma y él ya no era tímido y callado.
   Lo malo es que Federico nunca dejó de ser despistado y cuando ella regresó a Hungría y él tuvo oportunidad de ir a buscarla confundió Budapest con Bucarest.»

   Al final, hasta nos ha salido un micro.

   Si os perdisteis las otras entradas de esta serie os dejo los enlaces a continuación:


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Comentarios

  1. Buenos días, David
    Leí un libro en el que habían 80 personajes y me lié bastante. Tuve que leero de nuevo para situar a cada uno y quedarme con los detalles. Eso sí, la historia es muy buena y te hace pensar mucho. Últimamente estoy leyendo libros con dos o tres personajes y se agradece, porque es más llevadero.

    Gracias por estos post tan útiles y maravillosos.
    Un abrazo y buen día!

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    1. Gracias, Éowyn. Quizá no es tanto la cantidad de personajes, sino la manera de presentarlos y darles la visibilidad necesaria para que se le queden al lector. Siempre tenemos que pensar en él, al escribir podemos tener la historia en nuestra cabeza, pero el lector no. Creo que abrumar con información es como asistir a una clase de un mal profesor que va soltando datos sin ton ni son. Un abrazo!!

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    2. Los personajes a pesar de ser una cantidad importante, están bien presentados. Algunos tienen más importancia y son más marcados y otros, son superficiales. Y tienes toda la razón cuando dices lo de abrumar, pero oye, a mí eso a veces, me gusta mucho.

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  2. Muy interesante, David (tuve que ir a comprobar tu nombre, porque también soy despistada y me entró la duda, jaja). Eso sí, aunque despistada, la que vestía camisetas escotadas en la primera historia era Rosa, aunque si son adolescentes es posible que casi todas las chicas de la clase las usen.

    Sin duda volveré para leer las entregas anteriores. Me dan ganas de probar a escribir siguiendo estas pautas, aunque a la vez me da cierta pereza. Yo que escribo instintivamente, pensarlo tanto me da flojera. Aunque creo que algunas sugerencias las sigo de manera intuitiva, como las repeticiones. Será porque lo único que hago más allá de dejar salir lo que me surge es releer y escuchar cómo suena. Es ahí cuando hago los cambios.

    Te quedó muy bueno el corto del final. Sin embargo en el ejemplo del texto de Fantasía que escribiste no pude pasar de la tercera línea.

    Un abrazo

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    1. Gracias, Alís. Estas entradas las publiqué hace un tiempo en mi anterior blog. Intento darles un lavado de cara y traerlas a este de manera definitiva. El libro de Ángel Zapata, del que tomo la base teórica, es para mí uno de los tres mejores sobre el arte de Narrar. Por no decir el mejor. Así que todo el mérito es suyo, yo me limito a "pasar los apuntes" como en la universidad.
      Escribir es algo que solo puede hacerse por instinto, es la manera de que generemos un texto sobre el que trabajar y corregir. Y en realidad, todos estos consejos sobre narrativa sirven para ir educando el instinto. Es como la ortografía, nadie escribe y al mismo tiempo analiza las reglas de ortografía de lo escrito. Eso es algo que se interioriza y luego ni nos damos cuenta. Con esto pasa lo mismo, nadie va a narrar mejor solo por leer un artículo. Es una cuestión de ir interiorizando cosas.
      Ja, ja, ja... Lo raro es que llegaras a esa tercera línea en el ejemplo que citas. Un abrazo!

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  3. Ha sido genial recordarlo. Hiciste todo un milagro arreglando la situación del pobre Fedrico, tan plúmbea en principio. El texto de McCoy me ha vuelto a encantar, aunque sigo sin leer la novela y el de Alakin y Alakito es todo un ejercicio de excesos literarios.
    Desde luego, está claro que hay repeticiones y repeticiones.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. La verdad es que al leer uno detecta cuándo estamos con una repetición descuidada y cuándo la misma tiene un sentido. La información pienso que hay que respetarla y mimarla para asegurarnos que el lector se quede con lo que nos interesa, y para ello hay que saber jugar con ella. La obra de McCoy es fantástica. Tarde o temprano caerá en tus redes, ja, ja, ja... Un abrazo!

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  4. La verdad es que los consejos son interesantísimos. Y muy didácticos. La guinda ha sido el micro tan chulo que te ha quedado en la última explicación
    Felicidades y gracias.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Chema. Ese micro salió tal cual para la entrada. Escribí el primero en modo automático e intenté arreglarlo aplicando los consejos de Ángel Zapata en cuanto a continuidad se refiere. Un fuerte abrazo!!

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  5. Hola.
    Estos post son tan buenos, tan dicácticos y tan interesantes que merece la pena releerlos.
    Y el micro final me ha encantado, yo me he confundido más de una vez entre ambas capitales, a pesar de mi pasión por Bucarest. También podía haber ido a Bulgaria, pensando que el nombre de la chica era en honor a la capital, jejeje. Vale, ha sido malísimo.
    Feliz tarde.

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    1. Gracias, Gemma. Ja, ja, ja... Pues también podría haber valido. La verdad es que el ejemplo lo escribí en modo automático, sin pensar. El micro salió al terminar de redactar la entrada e intentar aplicar en él los consejos de Zapata. Al final se arregló un tanto. Un abrazo!

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  6. Estupendo, David, más claro y didáctico imposible. He dejado de leer libros muy recomendados por la cantidad de información y personajes con que te bombardean desde el inicio. En uno que me daba lástima dejar, tuve que hacerme un listado con los nombres, profesiones y el vínculo que tenían entre ellos para seguir la trama.
    Me encantaron los ejemplos y el último quedó redondo.
    Un gran abrazo.

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    1. Gracias, Mirella. También me ha pasado, y la verdad es que cuando uno lleva 10 páginas y comienza a tener que ir atrás para asegurarse de quién es quién o para asegurarse de no haberse saltado algún dato... puff. No tengo paciencia ya para eso. Para evitar cosas así lo mejor es recurrir a lectores beta de confianza, dado que para el propio autor es complicado. Él tiene la historia en la cabeza y por tanto seguro que le va a costar detectar ese error. El micro lo hice sobre la marcha, el texto inicial fue escritura automática.
      Me alegra que te haya resultado una lectura amena pese a la extensión. Un fuerte abrazo!

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  7. Interesantísimas estas entradas, David. Geniales los ejemplos y muy clarificadores. Gracias por continuar la serie.

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    1. Gracias, Marta. Me gusta acompañar "el rollo" con ejemplos, que siempre son más ilustrativos que mil palabras. Un abrazo!!

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  8. El micro te quedó fantástico, y es que si nos paramos a pensar en cómo hacer las cosas con la chuleta que nos guíe, claro, pues siempre iremos mejor encaminados (y si se posee tu ingenio a parte pues el resultado es el que es, David).
    Me parecen unos consejos acertadísimos. Mientras los leía me iba diciendo a mí mismo, «¡claro!» o «¡lógico!», y más ahora hace nada acabé un libro de cifi que tenía ese mal que dices, muchos conceptos nuevos o inventados que no me he llegado a meter en la trama en ningún momento.
    Lo de la regla del tres es la que más me ha gustado. Me recordó a la "bar form", una manera compositiva que se remonta a la época de los juglares y que aún se utiliza. Se basa en dar tres entradas de un tema, la primera introductoria, la segunda aclaratoria y la tercera la que desarrolla la obra. Dicho de una manera más ortodoxsa sería como comenzar una carrera con: "a la una, a las dos y a las tres". Porque el tres parece que es un número mágico en cualquier ámbito, y ahora que lo sé me doy cuenta de que está presente en muchos relatos.
    Bueno, David, muchas gracias de nuevo por mostrarnos nuevos caminos.
    Un abrazo y nos leemos!

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    1. Gracias, Pepe. Estupendo aporte el que traes con ese "bar form". La continuidad es algo esencial en una historia, pienso. Da redondez a la misma y además la sensación de que vamos a algún lado conforme leemos. Eso también redunda en que la lectura se hace amena. Un ejemplo que se me acaba de ocurrir ahora. Sin continuidad, es como viajar sin conocer cuánto te falta para llegar, ¿qué largo se hace, verdad? O como esas películas o novelas que al terminar exclamas ese ¡¿Y?! Has asistido a un montón de cosas que han formado algo solo por acumulación de ideas que no nos llevan a ninguna parte.
      La regla de tres funciona siempre, y diría que está inserta en cualquiera de las historias que leemos. Como, por cierto, tu relato para esta edición del concurso. ¿Te has fijado cuántas veces repites en él aquello de "El miedo es una parte de nosotros..." Exacto: 3. Un abrazo!!

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    2. Hola de nuevo, pues ahora que lo dices, sí, son 3, y es por eso que me gustó tanto la regla, porque el 3 me parece que es una forma muy natural de mostrar algo, aunque no sabía que hubiera una regla para el caso, je, je.
      Otro abrazo!

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  9. Hola, David.

    Esta tercera entrega es quizás la más sorprendente. Casi se teoriza como si fuera un dogma de fe la imposibilidad de que un autor repita una palabra e incluso una misma idea en un relato. Por lo que observo las "leyes de la narrativa" son dinámicas y en la inteligencia de cada autor está la clave para adaptar el lenguaje sin rigideces absolutas. Por otra parte, como lector pido al autor que su lenguaje sea natural, que el texto sea entretenido y sobre todo que tenga voz propia. De eso supongo que hablaras en la cuarta entrega.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Miguel. Creo que la continuidad, o la falta de ella, es lo que separa las historias que nos dan sensación de redondez, de aquellas que nos dejan con cara de ¿Y qué me ha querido decir? Cuando hemos hablado de biopics, creo que el problema que tienen es que es una sucesión de cosas que se van superponiendo, pero adolecen de esa continuidad, más allá de la propia vida del personaje. La continuidad indica que el creador de la historia sabe a dónde nos quiere llevar y por eso remarca lo importante para ese objetivo. La repetición no deja de ser la herramienta para conseguirlo.
      En cine, la regla de tres es casi una regla de oro. Primer enfoque hacia algún objeto, uno o dos segundos bastan. Segunda interacción despreocupada del objeto con algún personaje y en tercer lugar el objeto adquiriendo todo el protagonismo. Siempre funciona.
      Y sí, la próxima entrega es la voz propia. Algo que no se puede aprender en ninguna parte. Así que ¿cómo lo voy a hacer? Un abrazo!!

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  10. A mí me encanta la regla de tres, sobre todo cuando se quiere dar un énfasis rotundo, categorico, invencible, para cerrar una historia o un poema. Sin embargo también hay que tener juicio para aplicarlo donde se debe y no repetirlo hasta el cansancio y estar siempre, continua, inacabablemente enumerando las cosas, las ideas, las descripciones, etc en base a la regla de tres. Porque como lector me voy a anticipar y también me voy a aburrir. Si alguien me cuenta lo mucho que quiere a su abuela y me nombra tres cualidades, y luego me cuenta que le encanta el barrio donde vive y nombra tres cosas que le gustan de ahí, y de que está muy enamorado de una chica y me cuenta tres razones de por qué y todo esto en media página, entonces el estilo me va a saturar también. Y si sufre por algo que me lo repita tres veces, o si está feliz me lo repita tres veces, etc. Va perdiendo su fuerza la regla de tres.

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    1. Gracias, Julio David. Por supuesto todo hay que tomarlo con moderación. ¡Madre mía cómo sería esa historia que contuviera todas esas reglas de tres! Bueno, siguiendo con el tres, quizá ese podría ser el límite máximo de uso de esa regla en la historia. Ja, ja, ja... Un fuerte abrazo!

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  11. Reconozco de gran utilidad estas orientaciones que nos da Zapata, especialmente me ha reconfortado saber la conveniencia de incluir reiteraciones cuando se trata de resaltar o enfatizar una idea concreta, puesto que en alguno de los retos donde he participado, al utilizar este tipo de recurso, no se ha entendido bien el motivo por parte del lector y me he encontrado con el hándicap de no tener suficientes argumentos para exponerlo con claridad.
    Mil gracias, David, por ampliar nuestros conocimientos en este quehacer y aportando, al mismo tiempo, ejemplos prácticos muy ilustrativos.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Estrella. Las reiteraciones con sentido son un recurso muy válido. Lógicamente, en un relato, por su extensión, no es lo mismo que en una novela. Pero consiguen el efecto de fijar la memoria y enfatizar lo que pensemos que sea importante. De todas formas, son una herramienta para conseguir lo importante: la continuidad de nuestra historia. Esa sensación de redondez. Un abrazo!

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  12. Ángel Zapata es mi guía personal en las cuestiones prácticas del escribir. Mira si llevo a efecto la regla del tres que menciona, que mi relato del próximo reto puede que se titule, lo ando pensando, "Prima, Secunda y Tertia", y si no es así, este concepto estará más que presente en el desarrollo del relato.
    David, se agradece estos apuntos del maestro Zapata, seguro que nos servirá a todos.
    Un abrazo y hasta muy pronto.

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    1. Gracias, Isabel. Te agradezco tus palabras y ya ves que compartimos mentor. La verdad es que este libro es de lo mejor para profundizar en Narrativa. A la vista del título que apuntas, ¿rondarán por tu relato las hermanas Liddell? Un fuerte abrazo!

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    2. Ja, ja, ja... Por cierto, ¡ya está publicada la radioficción de tu relato Vientos de guerra en el canal de YouTube! Genial trabajo de Ramón. Un abrazo!!

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  13. Gracias por el aviso. Acabo de escucharlo. Ramón tiene una voz estupenda. Graciasssss

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  14. !Hola David!

    Excelente tercera entrega. A este paso vas a hacer que me entusiasme por la escritura fuera del contexto reflexivo, que tome uno de esos sueños increiblemente irracionales y fantásticos que tengo y haga toda una historia con él, a modo de ensayo, desde luego después de leer y releer estas técnicas, y mucho practicar, a ver que sale...

    Bueno, aunque tengo muy buena memoria fotográfica (modestia y aparte), la verdad es que es engorrosa una lectura así, causa desconcierto esa forma algo desordenada de escribir, la falta de directrices lleva a un difícil entendimiento.
    Lo de la repetición no lo conocía como un buen ardid, pero si he notado que muchas veces da pistas importantes y ayuda al lector a recordar lo que el autor desea no pase desapercibido en su relato o novela.
    La caracterización, pues si que es un recurso muy bueno para tener en cuenta también. Por cierto y aunque esto no es escritura, ese "I'll Be Back" de Arnold Schwarzenegger es historia.
    Lo de la regla de tres, creo que lo hacemos hasta sin darnos cuenta para enfatizar lo que se quiere dejar bien claro. Por cierto David, me hiciste recordar una vieja entrada del blog en la que resalto de forma seria y también jocosa, los usos y virtudes (por decirlo así) del número tres.

    Gracias por otra muy interesante entrada y consejos, la guardaré junto a las dos anteriores que grabé en word, quien sabe si en mi vejez escriba algo que valga la pena publicar y cobrar por ello, ja, ja.

    Abrazos y que tengas una buena semana.

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    1. Gracias, Harolina. En realidad, el acto de escribir no precisa nada más que de un papel, lápiz e imaginación. Todo lo demás viene a posteriori, en la corrección, cuando tienes que tener en cuenta cosas como la comprensión, la facilidad de lectura, etc... Pero para corregir, ¡antes hay que escribir!
      Estoy convencido de que si te pones nos puedes brindar cuentos maravillosos, de hecho en alguna de tus últimas entradas ya has insertado algunos micros estupendos para ilustrar tus reflexiones. Así que será genial si te animas a ello.

      ¡Ah! Si tienes ocasión deja aquí tu enlace a esa entrada que comentas sobre el número 3 para poder disfrutarla. Un fuerte abrazo!!

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    2. Aquí me tienes de nuevo David, "sus deseos son órdenes" (en alguna parte oí mucho esta expresión), creo que era en la serie de TV "Mi bella genio", de seguro ni la conoces...

      Aquí te dejo el enlace, espero lo disfrutes.

      https://pariendofelicidadautentica.blogspot.com/2017/08/el-numero-tres.html

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  15. Todos conocemos esa máxima que dice "nunca te acostarás sin saber una cosa más". Pues bien, contigo me ocurre algo parecido, ya que resulta imposible que tus entradas sobre (generalizando) cómo escribir bien, caigan en saco roto; todo lo contrairo, mi pequeña caja de conocimientos se va llenando un poco más cada vez que te leo. Y siempre pienso, y deseo, que esas enseñanzas acaben haciendo mella en mi dura cabezota y las acabe absorbiendo de forma natural. No me imagino a un escritor pensando continuamente en las reglas de la buena escritura, consultando la chuleta de recomendaciones y recursos literarios. Esto es como conducir un vehículo: tras muchas clases teóricas y prácticas, luego viene la verdad al sentarse solo al volante, sin maestro ni examinador, momento en el que el conductor maneja el automóvil de forma parecida al resto de conductores pero con un estilo personal, a poder ser, eso sí, fiable y seguro, je,je.
    El tema de las reiteraciones tiene mucha miga, pues hay quien, siento tremendamnete crítico con ellas, se pasa (en mi opinión) de la ralla y te censura que en un mismo párrafo hayas repetido un mismo término, cuando lo has hecho a propósito, o cuando has usado, para describir/reforzar la personalidad de un personaje, varios calificativos seguidos.
    Sigo pensando que tiene que existir una base/norma a la que ceñirnos, para luego, adoptar tu propio estilo y criterio. Grandes maestros de la literatura universal se saltan muchas normas elementales, pero, claro, ellos se lo pueden permitir. El gran García Márquez, por ejemplo, te deja la cabeza como un bombo con tantos nombrs y personjes en su famosísima (a mí me encantó, dicho sea de paso) Cien años de soledad. Sé de quien tuvo que hacerse una chuleta de la dinastia de los Buendía, para no perderse y saber en todo momento de quién estaba hablando, je,je.
    Muchas gracias, David, por esta nueva dosis de "conocimiento literario". No creo que llegue jamás a dominarlo, pero no hay que rendirse, ja,ja,ja.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Por supuesto, ningún artículo o manual de Narrativa va a conseguir que seamos mejor escritor una vez lo leamos. Como tampoco pasaba en el colegio con las reglas de ortografía. Es a fuerza de pensar en estas cuestiones, en leer, en escribir que poco a poco vamos interiorizando los conceptos. ¿Verdad que cuando escribes no estás pensando en la ortografía? Y no por ello el primer borrador contiene centenas de faltas de ortografía. Simplemente, es un concepto asimilado.
      Cuando escribí mi primer relato, me pasé una semana pensando en si esta frase era bonita, o si aquella se podía mejorar. Solo pensaba en la estética de la sintaxis, para nada en la historia. Es a fuerza de leer manuales de escritura cuando comienzas a darte cuenta de cosas y, poco a poco, intentas tenerlas en cuenta a la hora de escribir y corregir.
      Con Cien años de Soledad me pasó lo mismo, pero digamos que ahí hablamos de extraterrestres, ja, ja, ja... Un fuerte abrazo!

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  16. Muy interesante entrada, como siempre. Desconocía eso de la regla del tres, pero intentaré sacarle partido en algún relato, a ver como sale. Estoy de acuerdo en lo que comenta Josep, es relativamente sencillo entender la teoría cuando la leemos, pero luego a la hora de escribir se va haciendo el hábito poco a poco pues es imposible tener en mente todas las reglas y trucos, y sólo a base de ir incorporando ese aprendizaje por partes es como se termina por construir un estilo sólido.
    Hay una idea que me parece muy importante, y es que la lectura debe resultar amena y fácil de digerir para quien la lee, en mi opinión la creación de una trama con cierta complejidad no está reñida con lo primero. Bien es cierto que como escritores nunca podremos tener la visión que tienen los lectores de lo que escribimos, el autor conoce la trama de antemano y no siempre es sencillo ponerse en la piel del lector, que debe ir construyendo el relato en función de como se lo vamos presentando.
    Al hilo de lo que comentas de la saturación de personajes, a mi me pasó con El Señor de los Anillos, aunque ya hace muchos años que lo leí recuerdo que había momentos en los que varios personajes nuevos aparecían de golpe en escena y era difícil saber quien era quien.
    Gracias por esta nueva entrada tan didáctica, David, que me guardo para echar mano de ella. Un abrazo.

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    1. Gracias, Jorge. Siempre digo que los consejos de Narrativa son como aplicar la ortografía. Cuando escribimos no pensamos en si las palabras son agudas o planas, si llevan tilde o no, si el objeto directo, si el adverbio... sería imposible. Simplemente, a fuerza de interiorizar las reglas, de leer y de escribir, escribimos sin darnos cuenta de que aplicamos las reglas ortográficas.
      Con los manuales de Narrativa pasa lo mismo, ningún artículo nos va a hacer mejores escritores. Es imposible. Leerlos nos da instinto, poco a poco, interiorizas cosas hasta que relato a relato comienzas a pensarlo no solo en términos de si está bien o mal escrito, sino en modo historia. ¿Esta parte queda intensa? ¿Esta queda larga? ¿Queda claro aquí? ¿Este final se puede predecir conforme se lee el relato? Son cosas que al empezar ni nos planteamos.
      Para evitar lo que comentas de que como autor nos es más complejo ponernos en la piel de un lector siempre recomendaré olvidarnos de nuestro relato una vez lo hayamos escrito. Dejarlo guardado en el cajón un par o tres de semanas. Cuando vuelves a él, lo harás con una sensación como de que lo ha escrito otra persona. Es entonces cuando podemos ajustar los mecanismos de la historia. Un abrazo!

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  17. Interesantes todos tus consejos David. No importa volver a leer y releer una y otra vez. Un beso y feliz noche 🌈🌈🌈

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  18. ¿Te das cuenta de que insertar la actualidad en un contexto mitológico le da fuerza y raigambre a los textos?
    Es lo que me gusta de Stephen King contextualiza las historias en ambientes más o menos plácidos semirurales o bucólicos donde nunca debería pasar nada y luego los enlaza a cuestiones míticas del pasado para darles volumen.
    Luego es necesario tomarse mucho tiempo recreando a los personajes como un ceramista con su obra.
    Te recomiendo si no la lees que veas la última serie sobre una novela de Stephen King, The Outsider.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Doctor. Stephen King ha creado un universo propio a través de sus propios miedos. El resplandor, por ejemplo. El personaje de Jack Torrance no deja de ser el reverso oscuro del propio autor.
      Como comentas los escenarios cercanos al lector siempre tienen un plus de fuerza. La propia casa, sin ir más lejos. El dormitorio, el lavabo son el lugar sagrado por excelencia, es nuestra zona de seguridad total. Cualquier elemento que la invada nos va a producir temor y desasosiego.
      Apuntada la sugerencia, Doctor. Un abrazo!!

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  19. ¡Hola David!

    Pues me ha encantado tu entrada. Es cierto que ser ameno es algo que no siempre resulta fácil, te puedes pasar de un lado o del otro... y ser ameno es muy importante para un escritor. En fin, me voy a volver a leer la entrada con calma porque la quiero analizar mejor, que me vienen bien los consejos ^^

    ¡muchos besos y gracias por compartir!

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    1. Gracias, Irene. Creo que la cuestión es conseguir que la narración no saque al lector de esa sensación de estar leyendo como si fuera una película. Pienso que debemos tener siempre muy en cuenta al lector. Un abrazo!!

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  20. Con el encierro tengo ganas de leer lo largo
    y fijate no me pierdo
    como antes jajaja
    estoy aprendiendo
    saludos desde uun Miami bello

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    1. Gracias, Mucha. Espero que te haya resultado entretenida y me alegra que Miami esté hermoso. En Barcelona andamos con nubes, lluvia y el puñetero virus. Un abrazo!

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    2. Te cuento estoy más paciente, más abierta cosas que no entendía. Sos un buen guía o quizas motivador de lo que no sabemos para aprender

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  21. Zapata es un gurú del cuento español. Ese libro lo utilizo yo constantemente. Tiene otro que se llama "El vacío y el centro" que también contiene numerosos ejemplos prácticos a la hora de escribir. Gracias por tus lecciones, son muy valiosas.
    Un abrazo, David.

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    1. Gracias, Rocío. Lecciones las del profesor Zapata, yo solo intento ser el alumno aplicado que pasa los apuntes. Un abrazo!

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  22. Jolín, David, qué pedazo de entrada. Me doy cuenta con este tipo de posts lo importante que es la técnica narrativa y el conocimiento profundo de muchas cosas que se escapan al lector; pero que cuando explicas, rápidamente son identificables. Desde luego, los ejemplos son más que clarificadores y, como dices, yo también he pasado por el duro trago de enfrentarme a un libro de frases que ambientaban una escena que llegaban a ocupar casi una sola página.
    Y volviendo al inicio de la entrada, es evidente que comparto completamente la afirmación que es obligación del autor resultar ameno. Desde luego que sin esta cualidad, no hay quien se trague un libro.
    Un abrazo!!!

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    1. Gracias, Macarena. A veces, cuando complicamos las cosas, en el fondo estamos "aparentando que contamos una historia" cuando en realidad estamos "maquillando que apenas tenemos una historia que contar". Todos estos truquillos son interesantes para conseguir efectos en el lector, pero nada hay más atrapante que un relato que empieza en A y termina en Z. Un cuento clásico infantil siempre te atrapa sin recurrir a demasiados artificios. Un fuerte abrazo!

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  23. Jo, vaya entrada, además de guardármela he tomado apuntes y todo. Ahora mismo estoy inmersa en la escritura de una novela y me surgen dudas precisamente con eso de repetir algo para que el lector recuerde algo que será importante en el desenlace, pero me preocupa que me pase de insistente, al mismo tiempo temo que no quede claro y al final el lector se encuentre con algo tan inesperado que le resulte incomprensible. No sé, es complicada esa reiteración para saber dónde se encuentra el punto medio.
    Gracias por esta estupenda lección.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Paloma. Si estas escribiendo a buen ritmo mi consejo es que no te preocupes por nada que no sea escribir ese primer borrador. Para corregir antes tiene que haber algo escrito y esas cosas que comentas solo podrás verlas realmente una vez tengas toda la novela escrita. Es entonces cuando tendrás claro dónde te enrollaste, dónde te quedaste corta, qué es importante, qué en realidad no lo es... Lo esencial es que estés sumergida en ella y su escritura, todo lo demás vendrá en la fase de "corte y confección". Un abrazo!

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  24. Muy didáctico e instructivo este taller. No sabes tu bien todo lo que nos aportas David.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Francisco. Son solo apuntes editados, quien aportó lo importante a estas entradas fue el profesor Zapata en su La práctica del relato. Un abrazo.

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  25. Hola David, acabo de terminar el relato que voy a presentar al próximo Tintero. Sé por ahí que a los compas les ha gustado mi última historia, me lo han chiflado Patxi e Isabel. Pues, cómo me alegro. Ya paso mañana a ver la gala de premios. Ya sabes que había leido a Zapata, pero son lecturas que merecen retomarlas, y más de la forma que nos la presentas tú, tan didácticas y divertidas. Vale su peso en oro literario. He estado tan agarrada con la historia (te adelanto, he recuperado a Sombra amarilla que ha tenido un encuentro muy especial, y ya no te cuento más) que he leído con atención este post, con lo cual se me ha ocurrido unos detalles para el relato, le han hecho ganar a la hora de narrarlo. También voy a llevarla a video. Así que, resumiendo compañero, gracias, gracias por todo, por ese aliento y las ganas de compartir con nosotros, conmigo en particular. Un abrazo y feliz fin de semana.

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    1. Gracias, Eme. ¡Cómo me alegra que te haya servido alguna de las cosas de esta entrada! Un fuerte abrazo!

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  26. Hola David ☺
    Quiero agradecerte el enorme esfuerzo de tus concursos, tú dedicación a nuestros textos y estos talleres fabulosos (he aplicado la regla del 3, como ves, je, je) donde aprendemos muchísimo. Éstos cuatro son buenísimos, y es que tienes el don de la amenidad, no importa que sean "prestados". Seguiré explorando, aprendiendo, y disfrutando!(3 😉)

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    1. Gracias, Volarela. Me alegra que te hayan resultado interesantes estos artículos en los que intento dar a conocer uno de los mejores libros sobre teoría narrativa que he leído como es La práctica del relato de Zapata. Te aseguro que el libro también es muy ameno. Un abrazo!

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