CÓMO ATRAPAR A UN LECTOR: 1. NARRAR CON NATURALIDAD

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   Lo reconozco, cuando lo primero que alguien me comenta de una película es algo así como «¡Qué fotografía más bonita!» lo que me viene a la cabeza es «¡Vaya tostón debe ser!». Algo parecido me ocurre cuando me hablan de una novela y me dicen «¡Está muy bien escrita!» 
   Y no es que sea malo que la película tenga un excelente fotografía ni, por supuesto, que la novela esté muy bien escrita, lo que sucede es que cuando hablamos de ficción yo espero que prime la historia sobre los aspectos formales, sumergirme en su trama hasta el punto de que me pase desapercibido el hecho de que alguien me la está contando. 
   Para conseguir ese efecto soñado quien escribe tiene dos campos de batalla: la propia historia, con sus personajes, sus giros, sus núcleos y sus acontecimientos; y la narración empleada por el autor para contárnosla. 
   En esta serie de cuatro entregas os hablaré de lo segundo, de la diferencia entre Narrar y Escribir bonito. Algo que solo comprendí cuando cayó en mis manos un manual de escritura único.


LA PRÁCTICA DEL RELATO de Ángel Zapata


   Cada año se publican un montón de libros sobre el arte de escribir, por no hablar de los blogs literarios. Es bueno echarles un ojo. Por supuesto, ninguno nos convertirá en superescritores solo con su lectura, pero a fuerza de leer sobre Narrativa hay una serie de conceptos que poco a poco vamos interiorizando y aplicando a nuestras historias. Es como las normas de ortografía y gramática, ¿verdad que mientras escribimos no andamos repasándolas a cada palabra o frase? Es algo que cuando está aprendido aplicamos sin darnos cuenta. 
   De todos esos libros, hay uno cuya lectura no es que os la recomiende, es que casi os la ordeno: LA PRÁCTICA DEL RELATO del profesor Ángel Zapata. 
   No es casualidad la inclusión del término «práctica» en el título. La gran virtud de este libro es que, en un tono conversacional, como si estuviéramos tomando un café con el autor, nos muestra con ejemplos prácticos las características que diferencian una buena narración de una buena redacción. 
   Para este autor, el estilo narrativo perfecto es aquel que reúne cuatro cualidades básicas:
              • NATURALIDAD
              • VISIBILIDAD 
              • CONTINUIDAD 
              • PERSONALIDAD
    Comencemos con la Naturalidad.

CÓMO NARRAR CON NATURALIDAD

EL EXCESO DE LITERATURA ES MALO


¿¡Cómorrrrr!? 
   Tranquilidad. Cuando Ángel Zapata habla del exceso de literatura se está refiriendo a las ansias por demostrar lo bien que escribimos, nuestro exquisito dominio de la sintaxis, de las figuras retóricas… ¡Que para eso somos escritores! ¿No? 
   Pues no. El lector que decide abrir un libro de ficción puede buscar muchas cosas, pero por encima de todo una: leer una historia. El trabajo del escritor es hacérselo fácil, evitarle todo el ruido que pueda interferir el momento mágico en el que  se sumerge en la historia y los personajes, olvidándose de todo lo que le rodea: del móvil, de las redes sociales, de ese puñetero cliente o jefe que le ha amargado el día en su trabajo...
   Zapata nos avisa de que uno de los errores más comunes es confundir el estilo literario con una manera vaga y artificial de narrar «dotando a sus historias de un estilo artificioso». En esa creencia, el escritor se arma de un buen número de recursos «caducos, amanerados y de un vocabulario altisonante», con los que considera que escribe bonito, pero que el lector percibe, simplemente, como que escribe raro. 
   El problema de utilizar un estilo artificioso es que puede resultar sospechoso. Si el autor se adorna con las palabras, con imágenes hermosas pero puramente estéticas, puede significar que, en realidad, no hay una mucha historia tras esos fuegos de artificio. Y si eso sucede, el lector puede considerar que en realidad no le estás contando una historia, sino fingiendo que se la cuentas.

¿Un ejemplo?
  A ver si consigo mostrar la diferencia entre algo artificioso y algo natural con estos dos textos. La escena es la misma en las dos versiones: un anciano sentado en el sofá de su casa, casi a oscuras, esperando una llamada de teléfono. El sentido de esa llamada queda a gusto del consumidor.

  Primera versión:
Aquella tarde fría y otoñal, en la que los naranjos que engalanaban las calles mostraban un verdor opaco en su ralo follaje, fue recibida por Juan en su casa, como los nenúfares en flor cuando son posados por gráciles mariposas. La luz grisácea de ese atardecer se filtraba a través de los intersticios de la persiana como una plúmbea y quebrada niebla mientras aquel anciano permanecía absorto en sus pensamientos, cual escultura de marfil mirando un horizonte de estrellas. Entonces, el teléfono sonó como un estallido estremecedor que rasgara las etéreas fibras de su universo.
  
  No diréis que no me lo he currado, ¿eh? Inicio el texto con voz pasiva, hablo de naranjos y nenúfares… Y ¿cómo se os ha quedado el cuerpo al leer «intersticios»? Por no hablar de la «plúmbea y quebrada niebla» ¿Y las comparaciones? Chulas, ¿eh? Y todo ello finalizado con un impactante «estallido estremecedor». ¡Menudo escrito! ¿Os imagináis leyendo páginas y páginas de una historia narrada así?
   Yo no.
   Está escrito bonito, pero en realidad no incide en lo importante. La escena es la de alguien sentado en el sofá, a oscuras, esperando una llamada. ¿En serio es necesario hablar de naranjos y nenúfares? Con tanto artificio, el protagonista pasa hasta desapercibido. El lector asiste, abrumado, a una sucesión de detalles intrascendentes que le habrán obligado a leerlo dos veces si es generoso. Si no,  habrá volado a Netflix.


  Segunda versión:
El anciano observó el teléfono de la mesita. Después, el reloj. La escasa luz que las rendijas de la persiana dejaban pasar y su vista cansada no le permitieron distinguir las manecillas. Tampoco importaba demasiado. ¿O sí? Se miró la mano derecha que descansaba sobre su muslo derecho. Echó la cabeza hacia atrás antes de dar otro vistazo a ese aparato que permanecía silencioso. Volvió la vista hacia su mano izquierda que reposaba en el muslo correspondiente, se fijó en las arrugas que rodeaban su anillo de bodas. Fue entonces que el teléfono sonó.
   No hay ninguna palabra que un lector medio necesite buscar en el diccionario. Ni comparaciones estéticas, ni plúmbeas y quebradas nieblas. Solo el personaje y sus acciones. Lo estamos viendo, conociendo con la lectura. Esta sentado, a oscuras. Esa imagen ya es inquietante. ¿Hace falta adornarla más? Está, mano sobre mano, esperando una llamada, por eso aparecen solo dos objetos: el reloj y el teléfono. Y también una anillo de boda, ¿tendrá relación con la llamada? 

NARRAR ES QUE EL LECTOR NO SE DÉ CUENTA DE LO BIEN ESCRITA QUE ESTÁ LA HISTORIA

  Ahí tenéis una de esas frases que pienso que debemos grabarnos a fuego sobre nuestra piel de escritor. Lo importante en un relato o novela es la historia y, aún más, conseguir que el lector se involucre de tal manera que renuncie a las millones de distracciones que la época actual ofrece para llenar su tiempo de ocio.
   Como dice Zapata: «La naturalidad es narrar como si estuviéramos contándola de viva voz. Transmitiendo en todo momento el estado de ánimo de los protagonistas de la historia». Para ello debemos utilizar palabras, por supuesto. Pero siempre como herramientas, no como un fin en sí mismas. Solo de esa manera conseguiremos la suspensión de la incredulidad.
   Y para ello debemos partir de algo básico: la claridad.


  Para lograrla nos propone cinco reglas, tan evidentes como sencillas de seguir:
  1. Escribe como si estuvieras conversando, con un tono próximo y directo.
  2. Utiliza un vocabulario usual.
  3. Cuídate de abusar de los adornos retóricos.
  4. Usa frases cortas.
  5. Subraya emocionalmente algún dato significativo para conseguir la empatía del receptor.
  Si recordáis la Receta del Suspense de Patricia Highsmith que publicamos en EL TINTERO DE ORO MAGAZINE Nº 5 caeréis en la cuenta de que coinciden un pelín. Y en el próximo número de nuestra revista digital comprobaréis que George Orwell también es de este club.

  Pero no solo basta con la claridad...

LAS CUATRO FORMAS DE NARRAR QUE PUEDEN ARRUINAR TU HISTORIA

  Uno puede escribir de manera clara, pero aún y así caer en unos estilos muy concretos que se alejan de ese tono conversacional que consigue que el lector quede atrapado en la historia tal y como queremos que lo haga: viviendo en su cabeza la historia que está leyendo sin darse cuenta de que está 
leyendo.
  Raro será que alguno de los que escribimos no hayamos caído de lleno en alguno de estos cuatro que propone Ángel Zapata. Luego me contáis.

EL ESTILO FORMAL


  Este estilo es muy recomendable en ensayos, informes técnicos o en textos divulgativos. Sí bien, los mejores divulgadores de conocimiento suelen huir de él. Si habéis leído algún libro de Carl Sagan sabréis a lo que me refiero. El estilo formal es aquel que presenta una narración impecable, ordenada, nítida y limpia como la famosa patena del cuartel militar. Es todo eso, y también impersonal. 


¿Otro ejemplo?
   En este caso la escena es la de un tipo que se encuentra en su puesto de trabajo en una empresa que esta atravesando una época de crisis.

Primera versión: 
Juan se encontraba frente al ordenador consultando los balances del último mes. La crisis económica había afectado de manera considerable los resultados de la empresa. Eso había provocado una serie de despidos, como se podía comprobar observando las mesas vacías de aquella séptima planta del edificio situado en pleno centro de la ciudad. Sonó el teléfono y Juan contestó con premura al observar en la pantalla que se trataba de su jefe.
  El texto nos muestra dónde se encuentra Juan, que la empresa atraviesa dificultades económicas y que el despido ronda por aquella oficina. Creo que la narración es clara y las frases bien estructuradas. Pero…

Segunda versión:

  Ayer fue Marcos, se decía Juan mientras observaba los balances que mostraba el ordenador. Levantó la vista por encima de la pantalla. Las mesas que lindaban con la suya estaban vacías. ¿Dónde se había ido el murmullo de otros tiempos? Tampoco olía a café. Y eso que su puesto estaba cerca del pasillo donde se encontraba la máquina. Antes de ayer fue María. Se reclinó en el asiento, el ligero sonido al correr la silla resonó en la oficina como si estuviera en una biblioteca.
  Sonó el teléfono. Era su jefe.
  Descolgó. Sentía la boca seca.
  —Dígame.
  —Hola, Juan, ¿qué tal va todo? ¿Puedes venir un momento a mi despacho?
  Ha dicho un momento, se dijo al levantarse.
  Nada más que un momento, se repetía de camino al despacho. 
 La escena es la misma. Sin embargo, creo que lo que transmite el texto no. Existen notas emocionales que se centran en las mesas vacías, el silencio, la ausencia del olor a café que induce a pensar en que ya nadie se reúne allí para charlar, esas repeticiones rumiantes en la cabeza de Juan…

EL ESTILO ENFÁTICO 


  Este estilo se opone al formal. Si aquel narra desde la lejanía, este parece «contar la historia a voces». Para Zapata, quienes narran de esta manera son grandes escritores en ciernes, tienen una gran riqueza de vocabulario y un excelente don para la construcción de frases. Suelen tener, además, una excelente capacidad para la observación de los detalles. ¿Qué falla entonces? Las revoluciones del ritmo narrativo. Como dice: «El énfasis satura y hace perder la verosimilitud del texto.» 



  ¿Un ejemplo?
 Fijaos en el siguiente texto, cuya autoría prefiero mantener de momento en secreto: 
Fue en una de las enormes y tenebrosas estancias de aquella torre que aún se mantenía erguida donde yo, Antonio, él último de los desdichados y malditos condes de C., vi por primera vez la luz del día, hace ahora noventa largos años. Dentro de esos muros, entre bosques tenebrosos y sombríos, rodeado de quebradas ásperas y grutas que se abrían en la falda de la colina, pasé los primeros años de mi atormentada existencia. (1) 
  Bueno, desde luego el tipo escribe de narices. Pero siendo ese uno de los párrafos iniciales, ¿cómo va a conseguir que me entre más miedo en el resto del relato? ¡Ya me ha puesto de los nervios con esas estancias y bosques tenebrosos; atormentadas existencias; y seres desdichados y malditos! Si comenzamos a doscientos por cien en intensidad ¿no corremos el riesgo de que el lector se canse y lejos de percibir terror comience a tomárselo a broma? 
  La intensidad es una impresión de conjunto, no la suma apabullante de frases y acciones que parecen abocarnos al fin de los tiempos en cada punto y seguido. Si todo se realza y exagera, si no damos un instante de sosiego, es un continuo colapso que terminará cansando al lector. 
 Para evitarlo, propone reducir esa intensidad a instantes puntuales. Utilizar los contrastes de secuencias tensas y distendidas. Párrafos tranquilos y cargados, frases rotundas y de transición.

EL ESTILO RETÓRICO 


  Este es quizá el estilo que más se aleja de la naturalidad. Zapata lo define como aquel que vuelve ilegibles a los textos con su sintaxis laboriosa, metáfora decorativa y vocabulario extrañado. Quizá el que más recuerda a aquello de fingir que se está contando. Normalmente, este es el estilo que suele recibir comentarios del siguiente tenor «¡Qué hermosura! ¡Qué bellamente escrito!» Pero, sin la menor referencia al fondo de la historia porque, sencillamente, suele no entenderse.
  
  Como ejemplo, Zapata propone este texto de un autor al que todos hemos leído y admirado: 
Hace ya más de medio siglo que un paisano porteño, jinete de un caballo color de aurora y como engrandecido por el brillo de su apero chapiao, se apeó contra una de las toscas del bajo y vio salir de las leoninas aguas a un oscuros jinete llamado solamente Anastasio el Pollo, y que fue tal vez su vecino en el antiyer de ese ayer. Se abrazaron entrambos y el overo rosao del uno se rascó una oreja en la clin del pingo del otro, gesto que fue la selladura y reflejo del abrazo de sus patrones. (2) 
  Puff… y son seis líneas solamente. Como en textos anteriores, se aprecia unas dotes y un portentoso dominio del lenguaje ¿pero es necesaria tanta parafernalia sintáctica? ¿Cuánto tiempo aguantará el lector sin mirar su móvil? 
   Sin embargo, ese mismo autor, es capaz de escribir años más tarde esta obra maestra: 
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. (3)
  La diferencia es notable, es la que separa un texto artificioso de una obra maestra. Ha desaparecido el amaneramiento de las frases, mostrándose una imagen más poderosa que cualquiera «aguas leoninas», la de un simple cartel publicitario que se cambia y que Beatriz ya no podrá ver. El primer hecho que llevará al olvido su existencia: «el universo ya se apartaba de ella».

EL ESTILO ASERTIVO 

  Este estilo sería más como una clase magistral, un discurso impartido por el autor ante el que el lector solo está invitado a asentir como un alumno en un colegio. Es un estilo basado en la afirmación. Sin dudas, sin reticencias, sin ironía ni amargura. Los hechos se narran de una manera mecánica e impersonal. 
  Es todo lo contrario a conversar. La gente no conversa a base de sentencias o dogmas, sino mediante afirmaciones relativas, dudas y reservas. 
  La manera de conseguirlo es utilizando MODALIZADORES que resten rotundidad al texto, compensando afirmaciones con dudas y reservas. Os dejo una pequeña lista: 

Al parecer; si bien; algo falto; un poco; por lo que recuerdo; por no decir; tal vez; casi; quizá; algunas veces; en cierto modo; algo; un poco; en parte; podrían ser; hasta donde yo sé. 

  ¡Otro ejemplo!
  En esta ocasión, la escena es la de un hombre obsesionado con una dentadura perfecta, preparándose para una cita amorosa. 

Primera versión 
Juan era sabedor de que la mejor manera para impresionar a una chica era mostrando su dentadura perfecta. Sabía muy bien que la sociedad actual prima la estética sobre el fondo y que las personas se dejan llevar por los cánones impuestos por la televisión. Era por ello que cada semana acudía al dentista para que le hiciera una limpieza bucal. Aquella semana fue agobiante en el trabajo y se olvidó de reservar hora. Así que decidió lavarse cinco veces los dientes antes de quedar con Susana. 

  Las frases resaltadas en negrita bien podrían ser eslóganes de cualquier campaña publicitaria. Son afirmaciones que el narrador impone al lector. ¿Y si el lector no lo comparte? No existen dudas, el personaje se presenta casi como una excusa para justificar las convicciones del narrador. 

Segunda versión 
Se decidió por lavarse los dientes, otra vez. La quinta en dos horas. Tal vez con eso sería suficiente y Susana se quedaría prendada de su sonrisa. Esa chica le gustaba de verdad, ¿cómo pudo olvidarse de pedir cita con el dentista? Quizá ella no fuera como las otras, pero no podía arriesgarse. ¿O sí? ¡Maldito trabajo agobiante!, se dijo mientras echaba de nuevo el dentífrico sobre el cepillo de dientes. 
   El uso de los modalizadores, de las preguntas, obliga al narrador a atemperar sus afirmaciones consiguiendo que el protagonista se realce con la duda. Todos dudamos y nos encanta ver a otros pasar por esos trances. Con ello, tal vez despertemos en el lector algún interés por la dentadura de Juan.

  
  
  
  Y esto es todo por hoy. Por supuesto, en narrativa no existen leyes o dogmas. Tampoco los lectores son todos iguales y sus gustos pueden ser más cercanos a unos estilos que a otros. Y, por supuesto, cada autor tiene la libertad de elegir su propio estilo, pero siempre desde el conocimiento, no desde la ignorancia.
  ¡Ah! Casi se me olvida revelar la identidad de los autores anónimos de los ejemplos que no eran de un servidor (1) H.P. LOVECRAFT El alquimista; (2) JORGE LUIS BORGES El tamaño de mi esperanza; y (3) JORGE LUIS BORGES El Aleph.

Comentarios

  1. Me ha encantado. Mención espacial a la naturalidad.
    Muchas gracias, David.
    Un abrazo.

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  2. Jobar, qué pedazo artículo nos acabas de regalar, David. Me lo guardo como oro en paño, de verdad.
    Creo que eso de escribir bonito y solo eso, es un síntoma de que el escritor de turno intenta esconder una falta de argumento con una buena narrativa. Yo, que estoy sumergida en la escritura de una historia larga (no me atrevo a llamarla novela porque me parece pretencioso), tengo muchísimas dudas de que lo que estoy contando vaya a enganchar; sé que lo cuento bien (o eso creo) pero de que aquello atrape al lector... uffff. Porque en este último aspecto, la imaginación para pergeñar una historia también tiene un papel importante y ahí no hay ni manual ni curso que pueda ayudar.
    Gracias, David, por tu aportación tan valiosa con estas perlas que tanto nos ayudan a quienes nos embarcamos en la locura de escribir ficción.
    Un abrazo.
    P.D. Ángel Zapata estaba y dirigía cursos en la Escuela de Escritores donde yo hice un curso de escritura creativa, sus ideas, vídeos, etc, eran la base de las clases. Es un profesor genial.

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    1. Gracias, Paloma. La verdad es que cuando di con este libro de Zapata me di cuenta de varias cosas. Recuerdo que al escribir mi primer relato me pasaba más tiempo buscando una frase "literaria" que pensando en lo que estaba contando o lo que quería conseguir con esa historia. Y a veces sucede eso, pensamos que una narrativa "muy literaria" puede engañar al lector. No es así. Un lector que no conoce al autor lo que busca es evadirse con la historia, y el trabajo del escritor es narrarla, algo distinto al acto de escribir "literariamente"
      Respecto a lo que comentas en cuanto a pergeñar la historia me has recordado a Patricia Highsmith. Esta autora no leía thrillers, ni novela negra, porque decía que tampoco iba a encontrar soluciones para sus historias y, además, corría el riesgo de ser influenciada y perder originalidad en sus planteamientos. Es decir, que tenemos que enfrentarnos a los problemas de nuestra historia solos. Ahí está la dificultad y la gracia.
      PD Sí, me parece que es Fuentetaja. Asistir a una clase de Zapata sin duda debe ser un verdadero lujo. Un abrazo!

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  3. Me ha encantado David esta reseña. La práctica del relato de Ángel Zapata lo tengo practicamente como gurú de cabecera :) y el concepto de naturalidad por bandera, así que me ha parecido estupendo que lo hayas compartido. He aprendido mucho de sus consejos, hay un antes y un después de leerlo.
    Un abrazo Mago David.
    Graciassssss

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    1. Gracias, Isabel. Es de esas obras que cuanto más consultas más cosas puedes sacar de ella. De hecho, al leerla me hice un resumen que es la base de esta serie que publiqué hace tres años en Relatos en su Tinta y que ahora republico tras un pequeño lavado de cara. Un fuerte abrazo!!

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  4. Hola, David
    Qué exquisitez de entrada. Me ha encantado la práctica del relato de Ángel Zapata. Me quedo maravillada con los textos y por supusto con el concepto de naturalidad.
    Un abrazo grande!

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    1. Gracias, Éowyn. ¡Y todavía nos queda hablar de los otros pilares para atrapar a un lector! Esta obra de Zapata es tan buena que casi diría que con este libro no hace falta buscar más teoría narrativa. Un fuerte abrazo!!

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  5. Ay, amigo David, es que lo difícil no es redactar con estilo plúmbeo y retorcido, con nenúfares e intersticios; lo difícil es narrar de forma sencilla que parezca que no ha costado trabajo y sólo los que alguna vez nos dedicamos a escribir, tú mejor que yo, sabemos el trabajo que cuesta.
    Yo soy de las que dicen que un libro está muy bien escrito o no. Y es que una buena historia (por muy buena que sea) si está mal escrita, no pasa de bodrio. Otra cosa es que considere bien escrito un texto que tengo que leer cinco veces para entenderlo. Para nada. Considero una virtud el escribir claro, sencillo... y muy bien. Y pienso ahora en Almudena Grandes cuya última novela acabo de terminar.
    Me ha encantado el artículo. Tus textos y sus versiones son magníficos y mantienen atrapado al lector, aunque después de haber leído tu genial libro "Los demonios exteriores" ya sabía yo que tú no necesitas a Zapata para mantenernos pegados a las páginas.
    Vaya susto, yo también creí que te olvidabas de darnos los nombres de los autores.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Bueno, lo primero es agradecerte de nuevo el detalle que tuviste cuando la publiqué en Relatos en su tinta de compartir esta serie en tu blog. Como dices, que la historia esté bien escrita en el sentido ortográfico y sintáctico es algo que se da por supuesto. Es lo mínimo que tenemos que exigirnos al publicarla. La idea es que tengamos siempre presente la diferencia entre escribir y narrar. La escritura siempre tiene que estar al servicio de la historia, no al revés. Y es de esta idea de la que parte Zapata al alertarnos de esos cuatro estilos que puedan suponer un obstáculo para que el lector se sumerja en la trama, que es lo único que busca al leer un relato o una novela. Un abrazo!

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  6. Muchas gracias, David. No es raro que los orfebres de la narrativa escondan vacío de ideas y emociones; y en otros casos, estén peleados con la gramática.

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    1. Gracias, Beba. Lo importante siempre es lo que se cuenta y la narrar significa hacer llegar la historia al lector de la manera más accesible posible. Por supuesto, que la gramática sea respetado es algo que se da por supuesto. Un abrazo!

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  7. Muchas gracias, David, por esta lección magistral. Tan necesaria además, para los atrevidos que nos adentramos a la aventura escribiendo un relato.
    Un acto generoso para ayudarnos a crecer, sin duda.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Carmen. Ser atrevido es la mejor manera de aprender. Como me dijo alguien una vez: sé orgulloso en la escritura, pero humilde en la corrección. Y poco a poco aprender que narrar una historia es algo distinto a escribirla. Un abrazo!

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  8. Desde luego nos has hecho un buen regalo.
    Gracias por esta primera lección, que guardaré para cuando me ponga manos a la obra con algo que deje a medias pero llevo una temporada a nivel personal que mejor ni te la cuento uf.
    Eres un crack y encontrar un blog como el tuyo siempre siempre siempre es un placer porque nos aportas mucho y bueno.
    Un abrazo.

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  9. Genial entrada David y qué difícil es escribir. Mientras te leía recordé que en su momento leí un par de libros que recomendaste sobre el arte de escribir, entre ellos La práctica del relato y me gustó mucho y que después de leer tu entrada he pensado releer. En aquel momento pensé en lo difícil que es esto de escribir y emocionar y sigo pensando lo mismo. Estoy contigo que cuando alguien dice "está bien escrito" no me parece un buen argumento para leerlo, busco en los escritos la emoción, que me hagan sentir, que no me dejen indiferente y con los ejemplos que has puesto lo dejas muy claro. La grandilocuencia, esos excesos en el lenguaje, a mi me parece que dificultan la lectura y que con frecuencia se usan para disfrute del propio escritor que nos demuestra su buen hacer. Hacerlo fácil, directo es lo difícil y tú lo has hecho fácil y directo explicando de una manera muy didáctica la diferencia entre narrar y escribir.
    Gracias por esta entrada y por tus conocimientos.
    Un beso

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  10. ¡Excelente y felicitaciones! Lo voy a guardar porque es algo que sirve enormemente a la hora de escribir. Aunque el pozo sigue seco, espero con paciencia que, en algún momento, caiga alguna gotita y esta reseña me ayudará a no caer en ciertos "barroquismos" en el lenguaje y que no siempre logro evitar.
    Mil gracias, compañero David.
    Un fuerte abrazo.

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  11. Genial, David.
    Yo cuando salgo del cine y escucho a alguien decir : "al menos los paisajes eran bonitos" o "¡Vaya paisajes tenía la peli! sé que estamos ante un fracaso artístico. Es decir, en la película ha brillado por su ausencia la Narrativa. En la literatura puede suceder un poco lo mismo. El ornamento y mucho menos un texto ininteligible son un cáncer para el lector. Los ejemplos que has puesto y que te has currado mucho dejan muy claro que la naturalidad es un don a trabajar por el escritor. Quizás en el ensayo si se deba usar un lenguaje más técnico y sobre todo ofrecer una tesis que distinga al escritor en la propuesta sobre la que esté investigando. Por aportar un ejemplo de un escritor que escribe de forma natural, visual y además en "modo cine", yo mencionaría al maestro Stephen King.
    Un fuerte abrazo.

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  12. Interesantísimo artículo, David. Qué bien y con qué claridad lo has explicado a través de los ejemplos. Coincido en que sencillez y naturalidad es lo que define a un buen escritor y desde luego lo más difícil de lograr. No conocía yo el libro de Ángel Zapata al que te refieres pero me pongo a buscarlo ya mismo 😉 Mil gracias.

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  13. David excelente entrada, no te conformas con hacernos escribir, si no que también te esfuerzas porque lo hagamos fluido, interesante y ameno. !Gracias!

    Me gustó mucho por lo visual que resultan las ideas, por la claridad de los ejemplos y la facilidad de entenderlo al vuelo. Un post didáctico y sustancioso para aquellos que como yo somos simples aspirantes a las letras y la narrativa.

    Como dices cada cual se acomoda a su propios gustos y estilos, a mi en lo personal me gusta que no me le den vueltas al asunto, directo al grano, tanto para leer como para ver películas, y así trato de escribir, sin muchos ambages.

    Gracias por este obsequio David, no paras de darte y aportar al buen oficio de la escritura narrativa.

    Buen fin de semana, un abrazo incluido.

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  14. ¡Hola!
    Muchas gracias por esta entrada, la guardaré para releer una y mil veces. Me has hecho pensar en muchos autores, uno de ellos es Agatha Chirstie, que estoy releyendo ahora. Parece qu eescribe algo sencillo pero atrapa desde la primera línea y sus historias(aunque hoy día con tanta prueba científica serían un poco imposibles) enganchan muchísimo.
    Mil gracias por el post aunque tras leer tu libro de relatos penso que no necesitas trucos ni ayuda, tú escribes bien de serie.
    Feliz finde.

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  15. Hola, David. No se trata exactamente de un dejà vu, pero casi. Todo, o casi todo, lo que nos cuentas me resulta muy familiar. De hecho, tengo el libro de Ángel Zapata y diría que como consecuencia de tu recomnedación. Añadir que tan pronto llegó a mis manos, me lo leí de cabo a rabo.
    Tu entrada, sin embargo, es más didáctica, seguramente porque incides de forma sencilla, clara y directa en el meollo de cada aspecto de la escritura narrativa. Aquello de lo breve si bueno...
    Al ir leyendo cada uno de los apartados sigo identificándome en alguno de los defectos que comentas, especialmente en el de la formalidad, seguramente debido a mi pasado tecno-burócrata, especializado en redactar informes, ja,ja.
    Es curioso comprobar cómo, al leer esos utilísimos consejos, me resultan de lo más lógicos y, sin embargo, sigo cayendo en algún que otro fallo de forma repetida. Creo que el único defecto de que carezco es la pomposidad. Sin duda será cuestión de irse grabando a fuego esas guías hasta que las narraciones fluyan correctamente y con naturalidad sin necesidad de reparar en ellas.
    También es curioso comprobar cómo autores de primera línea también caen o han caído en los mismos fallos, Aunque sea una perogrullada, se aprende a escribir escribiendo y leyendo. Y en eso estamos, je,je.
    Muchas gracias, amigo, por incidir en esta cuestión primordial para llegar a escribir correctamente.
    Un fuerte abrazo.

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  16. Absolutamente de acuerdo contigo, David: sin historia no hay narrativa que valga.
    Me ha hecho gracia el párrafo inicial porque es algo que también pienso cuando pregunto a alguien por su opinión sobre un libro o una película.
    Y... te lo has currado muchísimo con los ejemplos. Más clarificadores, imposible.
    Un fuerte abrazo.

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  17. Como Macarena, estoy de acuerdo en que no sin historia no hay relato,... creo que es error muy común en que nos empeñemos en narrar solo por contar algo que enganche, que le falta algo,... solo porqué tenemos que subir algo... Y además hacerlo con naturalidad,... qué difícil, hacerlo si caer en el modo telegráfico, ¿verdad?
    Un abrazo!

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  18. Hola David. Pues no puedo estar más de acuerdo con la entrada, la principal razón de ser de un relato es transmitir una historia, y aquello que la entorpezca no debe tener cabida en él. Un escritor no puede escribir mirándose el ombligo de manera que él y sólo él entiende lo que escribe, poniendo todas las trabas posibles al lector para que comprenda la historia y la lectura fluya sin un esfuerzo adicional e innecesario. La narrativa debe estar al servicio de la trama, y no al revés, escribimos para contar, y no para que nos digan lo bien que lo hacemos. Dicho esto, es indudable que las formas son importantes, un relato mal escrito no logrará atrapar al lector por muy buena que sea la historia que quiera contar.
    También es cierto que no se debe escribir, a mi modo de ver, de igual manera un tipo de relato que otro. Es impensable adornar de retórica en exceso un relato de terror o ciencia ficción, pero si optamos por una historia romántica por ejemplo podemos permitirnos más licencias. También la extensión nos condiciona, una novela escrita en un lenguaje en exceso elevado sería infumable, pero si se trata de un relato corto cierta retórica puede ayudarnos a conseguir el efecto deseado sin cansar al lector, siempre dentro de unos límites. Al final el buen criterio del escritor será el que lo haga optar por un tipo de lenguaje u otro según el tipo de historia y el efecto buscado.
    Al hilo de lo que dices me viene a la memoria El Perfume de Suskind, un libro que al principio atrapa con una escritura elaborada pero que, al menos a mí, terminó por cansarme enseguida y hacerse tremendamente pesado por el tono que mantiene de principio a fin.
    Muy didáctica entrada, gracias por compartirla. Un abrazo.

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  19. Considero que esta publicación de una de las más importantes, para quienes seguimos de cerca este estupendo blog, ya que como aprendices de escritores nunca está de más ahondar en este mundo de la narración y descubrir nuestros propios errores para pulir aquello que publicamos o compartimos con nuestros compañeros y naturalmente lograr esa misión casi imposible de atrapar al lector con las letras. Sí, dejarlo ensimismado y disfrutando de esos curiosos personajes que transitan delante de sus ojos y que acaban por hacerse cómplices de sus pensamientos.
    Me ha resultado francamente útil todo lo que altruistamente nos regalas, amigo y compañero David, por lo que te felicito a la hora de plantearte volver a reeditar la entrada.
    Una vez más te agradezco profundamente que nos hayas compartido tan interesantes conocimientos.
    Un fuerte abrazo.

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  20. Una entrada fascinante, David, de esas que te recuerdan dónde tienes los pies pero que dan alas para que empieces a despegarlos de nuevo, je, je. Qué difícil es esto de la escritura, pero qué gratificante es poder ser consciente de dónde debes mirar para mejorarla, aunque después de todo lo expuesto se me antoja una montaňa difícil de bordear. Aun así continuatemos, gracias a tus enseňanzas, escalando y dejando atrás metas.
    Un abrazo y me encató la entrada.

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  21. Me has borrado jajaja bueno siempre me odiaste
    En fin ...Yo no tengo ese problema te aprecio. Suerte muchacho y pa'lante

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    1. Hola, Mucha. No he borrado ningún comentario, en blogger me salía un "comentario borrado por el autor", si me llegó al correo. Lo recupero. Un abrazo

      RECOMENZAR 23 de febrero de 2020, 20:02
      Hola Muchacho!!! Hace tiempo que lo hago . Interesante lo que dices . Lo importante es lograr que la gente no se aburra, que crezca y darles alas para que puedan volar con las letras. Conozco un blog que para mí es uno e los mejores Tracy es el nombre de ella. Escribe todos los días . Eso realmente es un blog. Cuando comencé en los periódicos así comenzaba la vida de lo que hoy se ha transformado en algo diferente
      Fijate y te lo he repetido varias veces creo. Soy blooger no escritora, aunque trabaje como escritora en revistas y periódicos
      Si no es quitarte mucho tiempo, te invito a que me leas.
      Yo no enseño a nadie. Vacío lo que tengo dentro.
      Te espero
      Uno de las comentaristas es ella: TRACY
      Gracias por mostrarnos un camino que no todos seguimos, aunque yo admiro tu dedicación a todo esto.
      Saludos desde Miami

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  22. Hola, me llamo Julio David ha dejado un nuevo comentario en su entrada "CÓMO ATRAPAR A UN LECTOR: 1. NARRAR CON NATURALIDA...":

    Hay que ser natural, teniendo presente que "menos es más" pero a la vez también hay que saber emocionar. Y yo creo que este último punto es en el que tropiezan muchos quienes escriben, me incluyo. Suponen que lograr emocionar al lector solo se consigue por medio de una escritura pomposa, artificial. Enredar con retórica; tal como lo hacen en sus discursos los políticos, los poetas y el menú que leemos en los restaurantes de lujo. Los escritores, sobre todo los "nuevos" (si cabe la expresión), en su afán por demostrar que merecen ser catalogados como "verdaderos escritores" usan y abusan del lenguaje culto - formal -
    excesivamente adornado - innecesariamente detallado -impersonal. Y ya creen que con eso han dotado de alma a su relato. Aunque no niego que hay escritores con experiencia que logran el equilibrio perfecto entre lo cursi y lo asertivo.

    Cuando uno lee, cuando nos disponemos a leer una historia, sea microrrelato o novela, uno quiere, principalmente, dos cosas: belleza y revelación. Y en un lenguaje cotidiano, por favor.

    Te dejo un abrazo.

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    1. Caramba, este comentario de Julio David tampoco se grabó pero me llegó al buzón

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  23. Te agradezco infinito estas acertadas indicaciones que nos has dejado. muchas veces es aplicar el sentido común pero es bien cierto que no todo es intuitivo y se necesitan unas reglas de juego y algunas herramientas para poder dar rienda suelta a lo que si puede ser algo congénito como la imaginación o la creatividad.
    Un abrazo agradecido.

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  24. No dejaré escritas loas a esta entrada porque no le hace falta, cada comentario ya hecho respecto a la calidad del mismo es muy acertada.
    Simplemente mi aporte es un gran agradecimiento a todos esos datos que nos dejas, David, para tener en cuenta a la hora de escribir. He hecho un "copia y pega" en un archivo personal en mi ordenador, para tenerlo siempre presente. Y espero los siguientes, no me perderé la serie completa!
    Un abrazo y muchas gracias.

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  25. Es una magnífica entrada pero como viejo lector quizás exija alguna matización por mi parte, que aunque no la impugne la matice.
    Pongamos el caso del que para muchos es el mejor narrador español contemporáneo: Enrique Vila Matas. Se ha dicho de él que hace metaliteratura y cierto es que escribe de cualquier cosa y sin tener un argumento férreo es capaz de emocionarte. Sus textos participan de la ambigüedad, entreverados de ensayo, reflexión, historias personales, pero si los analizas como un entomólogo no tienes una historia a la que acogerte.
    Borges era simple y retórico sin perder el sentido mágico, casi diría mítico de cada uno de sus textos escritos con deslumbrante calidad.
    Marcel Proust es el rey de los cincunloquios, de los textos oceánicos, de la morosidad que se despliega como una serpiente lenta y pesada pero a para mí ha escrito la obra cumbre de la litetarura contemporánea que he tenido la suerte de leer entera muy joven y varios de sus primeros libros hasta tres veces. Obviamente me refiero a En Busca del Tiempo Perdido.
    Mi forma de escribir no se identifica con estos autores ni con el patetismo de un Poe que me recordab el estilo enfático de arriba. Tampoco me identifico con esa tremenda disciplina a la que sometía Henry James a sus escritos, siempre buscando cierta perspectiva geométrica en la visión de sus personajes a través de los diferentes puntos de vista.
    La literatura universal, y estos autores lo reflejan muy bienes el compromiso entre forma y fondo, y cada momento requiere cierto estilo diferenciado tal como nos enseñó Joyce en ese collage de formas y fondos que es el Ulises.

    Un abrazo, David.

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  26. Genial aporte para todos los que estamos en este camino. Me ha sacado una sonrisa más de uno de los fragmentos, es increíble que sean de escritores que lograron ser tan buenos en lo suyo, eso nos da un poco de esperanza a los simples mortales de trabajar duro para mejorar.
    Comparto el post. Muy bueno. Un abrazo.

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  27. Gracias David, leí el libro hace un tiempo y lo tengo ahí, guardadito, pero eso no quita que disfrute refrescando la memoria con esta entrada sintética y medida. Me quedo con ella y la forma atractiva con que nos la presentas. Un abrazo

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  28. ¡Hola! Me ha encantado el artículo. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que los textos deben entenderse. Creo que es necesario para que se capte la esencia de la historia. Yo no soy de utilizar largas descripciones ni florituras cuando escribo jejeje.
    Un abrazo :)

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  29. Encima de mi escritorio tengo una hoja arrancada de un pequeño bloc de notas que entonces llevaba en el bolso por lo de la urgencia de escribir en el momento que te vengan las ideas aunque sea en la espera de una consulta médica. No, no se la ha llevado el viento en todos estos años ni aunque haya abierto la ventana porque la esquina derecha está pillada por un portalápices (porta todo, más bien). Ahora que la observo con una nueva mirada, parece que el blanco —su color natural— ha ido tornándose sepia clarito, está camino del color de una fotografía antigua, ajada por el manoseo de la cantidad de veces que he leído su contenido.
    Lo que lleva escrito es un esquema de La práctica del relato de Ángel Zapata que saqué de una entrada del blog: Relatos en su tinta. ¿Cuándo? Está sin fechar.
    Gracias por partida doble, David, por el lujo de entrada que nos regalas ahora y por la anterior que tanto me ayudó. Por supuesto que leí el libro, pero ese es de los que cabecera que nunca hay que perder de vista y con esta entrada señalas dónde está el objetivo, lo que hay que tener interiorizado cuando escribimos: la naturalidad, para empezar. Qué fácil parece y luego cómo nos enredamos en la práctica.
    Un abrazo.

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  30. ¡Hola David! Ya le había echado un vistazo en su día, pero quería leerla con más atención. Me ha parecido genial tu aporte tan necesario para quienes nos gusta de escribir. La verdad, como la naturalidad, nada. Reconozco que nunca me paré a pensar en estos detalles, me dejo llevar por la inercia, y si es cierto que a veces le doy algunas vueltas con la intención de que quede bonito...supongo que cada quién escoge su estilo para cada estilo narrativo, según lo que vaya a publicar. Tendré en cuenta todos estos consejos que nos das, los considero útiles y de gran valor. Me guardaré la entrada.
    Un millón de gracias, por todo lo que ofreces en este espacio.
    Un fuerte abrazo.

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  31. Me encantan estas entradas, David. No solo consigues que aprendamos, sino también que disfrutemos, pensemos, comparemos con nuestras propias formas de escribir. He estado un par de veces a punto de comprar el libro de Zapata que nos recomiendas y al final, por una cosa o por otra, no lo he hecho. ¡Pues de esta no pasa! Además nos lo has puesto tan fácil... :))

    Como siempre quiero darte las gracias por el gran trabajo que haces y por tu generosidad al compartir con todos nosotros estas nociones sobre el oficio de bien escribir (para escribir mal ya nos bastamos solos jajajaja). Por cierto, eres un crack ideando ejemplos que pongan de manifiesto la teoría. Tienes mi más sincera admiración.

    ¡Un abrazo enorme!

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