¿CONOCES EL MIEDO?


    Creo que un elemento básico en nuestra caja de herramientas de escritura, como diría Stephen King, es una paleta de emociones lo más amplia posible con la que dar vida a nuestros personajes. En este sentido, leer libros de psicología para comprender las múltiples aristas de las emociones es quizá tan recomendable como leer manuales de escritura.

    Y hablando de emociones, ¿quién puede negar que el miedo es una de las más básicas? Así que he pensado que nos lo podríamos pasar de miedo —perdonad el mal chiste— conociéndolo un poquito más para así intentar mostrarlo en nuestros relatos, y más teniendo en cuenta que este mes homenajeamos a Shirley Jackson y su La maldición de Hill House.

¿CONOCES EL MIEDO?

A veces nos da alas en los pies y a veces nos los inmoviliza y traba.
Montaigne


ESA EMOCIÓN QUE PUEDE PARALIZARNOS O ACTIVARNOS

    Una emoción es una reacción repentina de nuestro cuerpo ante un suceso determinado. Imaginaos que estamos tranquilamente sentados en nuestro sofá y en ese momento nos llaman por teléfono para comunicarnos el grave accidente de un familiar, o por el contrario vemos en las noticias que el número ganador de la lotería es el nuestro… o escuchamos una puerta que se cierra en nuestra casa, estando solos. Dependiendo del hecho externo, nuestro cuerpo experimentará unos cambios fisiológicos que lo prepararán para dar una respuesta u otra. En el caso del miedo lo sentiremos cuando detectemos una amenaza real y concreta, como ese ruido en nuestra casa, la aparición de un terrorista armado, o la visita de un político, por ejemplo.

    Como la emoción básica que es, el miedo no depende de factores culturales o sociales. Da igual que pertenezcamos a una tribu del Amazonas, a un inuit, a un americano, a un europeo o a un africano. Todo ser humano manifiesta los mismos efectos físicos cuando siente miedo.

    Y esto es algo que nos viene genial para mostrarlo en nuestras letras.


¿CÓMO MANIFESTAMOS EL MIEDO?

    Los cambios fisiológicos que provoca una emoción deben ser breves en el tiempo, si se prolongan por días o semanas entonces hablaríamos de un estado de humor o un sentimiento, algo más relacionado con el carácter psicológico de la persona. Si esos cambios fisiológicos se convierten en habituales, el miedo dejaría de ser una emoción y se convertiría en una fobia, estrés o angustia.

    


    Todos estos cambios, tanto físicos como psicológicos, nos preparan para HUIR, ATACAR o PARALIZARNOS. Los músculos se tensan para prepararnos para la acción, sudamos porque aumenta la frecuencia cardíaca para que nuestro cuerpo esté listo para la acción, las pupilas se dilatan para abarcar más campo visual de acción, el vello se eriza para aumentar la apariencia de fortaleza.

    Vale, ya conocemos cómo sentimos y mostramos el miedo, pero ¿qué nos lo provoca?

¿QUÉ NOS PROVOCA EL MIEDO?

    Como especie con unos cuantos ciento de miles de años de evolución existen ciertos miedos que hemos interiorizado en nuestros genes. Miedos naturales, herencia de cuando nuestro entorno era el correspondiente al de los grupos de cazadores. Como, por ejemplo, el miedo a:
  • Animales. Tanto depredadores, por razones obvias, como reptiles, por aquello de que las serpientes nos podían sorprender cuando todavía dormíamos en árboles.
  • Alturas. El riesgo de despeñarnos.
  • Sangre. La sangre es un elemento que anuncia heridas o muerte.
  • Espacios cerrados. Lugares sin escapatoria.
  • Agua. Miedo a un entorno en el que somos vulnerables.
  • Tormentas. Miedo a los fenómenos naturales, incontrolables.
  • Desconocidos. El miembro de una tribu o un clan distinto al nuestro y por tanto enemigo.
    Todas esas situaciones nos generan un estado de alerta, las percibimos como algo que puede resultarnos peligroso según el contexto. Un desconocido en un centro comercial, no; pero un desconocido, en nuestra casa… Un perrito es adorable, pero si vemos que comienza a lanzar espuma por la boca… Una terraza con vistas al mar, pero si le faltan las barandillas...

    Aparte de estos miedos de fábrica, nos encontramos con miedos culturales y sociales. Aquellos que fluctúan según las épocas. Son inquietudes psicológicas, un temor a un supuesto y no mostrado peligro pero que tenemos ahí, en nuestra mente colectiva, como algo de lo que tenemos que estar alerta. Por ejemplo: Fin del mundo, brujas, espectros, psicópatas, enfermedades infecciosas, invasiones, la energía nuclear, el avance de la ciencia, el deterioro de nuestro planeta.

    Estos miedos culturales cumplen una función moralizadora o de regulación social que podría relacionarse con las bedtime stories, esas historias infantiles que contamos a nuestros pequeños antes de ir a dormir y cuya intención es advertirles de los peligros o actitudes a evitar: no hables con extraños, no desobedezcas a tus padres, no robes…

    Creo que fue Borges quien dijo algo así como que lo que diferenciaba a Poe de Lovecraft es que el primero ahondaba en los miedos humanos; mientras que el segundo solo mostraba monstruos. Pienso como Borges. Para infundir miedo en la ficción no basta con crear un bicho atacando a inocentes víctimas. Con ello podemos conseguir crear el horror, pero no el miedo. Para que sudemos de verdad, para que una obra de ficción nos provoque que al acostarnos miremos debajo de nuestra cama, el monstruo o la amenaza debe que conectar con nuestros miedos más profundos, tanto individuales como sociales. Ello conseguirá que nuestra creación transcienda como lo hicieron los monstruos de la ficción que nunca pasan de moda.


¿CÓMO USAR LO QUE SABEMOS DEL MIEDO EN NARRATIVA?

    Conociendo el miedo bien podemos sacar algunas cosillas que podemos utilizar a la hora de escribir nuestro relato; bien para estructurar la trama, bien como una especie de efectos especiales.

TRAMANDO CON EL MIEDO

    El miedo, como toda emoción, tiene grados. No es lo mismo que un graciosillo explote un globo cerca de nosotros a que, de noche, un payaso con un globo se nos acerque por el pasillo. Esta graduación de la emoción nos puede resultar muy útil para ordenar la trama de nuestro relato con un in crescendo que consiga llevar a nuestra historia del susto al pánico.

    Si el relato comienza con nuestro protagonista totalmente atemorizado por la presencia de un fantasma ¿qué vamos a contar después? Por un lado, no hemos dado tiempo al lector para que empatice con el protagonista con lo que le importará un pimiento lo que le esté pasando a un desconocido; por el otro, corremos el riesgo de que el lector no sepa situarse en la historia, y con ello arrastre problemas de comprensión que le lleven a dejar de leer. El miedo, mejor si se cocina a fuego lento, de menos a más.

    Así que podemos estructurar nuestro relato de acuerdo con los grados del miedo. Para que resulte más gráfico voy a partir del supuesto de que un gusano velludo sale del sumidero del plato de ducha:
  • Susto o sobresalto. Al ver al gusano, damos un respingo. Nuestra reacción es inmediata: cogemos una zapatilla y le atizamos.
  • Preocupación. Al día siguiente, salen otros dos gusanos. Los eliminamos y nos vamos a trabajar. Pero aparecen las rumiaciones. ¿De dónde salen? ¿Tendremos un nido en alguna parte de nuestra casa?
  • Ansiedad o temor. Siguen saliendo gusanos pese a que echamos lejía en el agujero no menos de veinte veces al día. Cada cinco minutos regresamos al baño para comprobar que no salgan más. Nuestro pensamiento se centra solo en ese sumidero. 
  • Miedo. ¡Dìez gusanos velludos salen del lavabo y entran en nuestro dormitorio! Sufrimos palpitaciones, sudamos, tal vez intentemos salir corriendo, pero antes miraremos el suelo y bajo las sábanas. No sabemos qué hacer. Contemplamos la hilera de bichos con los ojos y la boca abiertos.
  • Pánico. ¡Comienzan a subir por nuestra cama! Se  meten bajo las sábanas. El suelo está totalmente cubierto de esos cuerpos regordetes y peludos. Nos mareamos, nos cuesta respirar, queremos escapar de allí, pero al poner el pie en el suelo sentimos a los gusanos siendo aplastados con nuestro peso. Resbalamos. Y al hacerlo, permitirnos que esos seres asquerosos comiencen a reptar por nuestra piel, dejando surcos de baba, acercándose a nuestra boca…


MOSTRANDO EL MIEDO

    Los cambios fisiológicos o psicológicos que hemos visto nos servirán para mostrar el miedo al lector. Por supuesto, de manera verosímil y teniendo en cuenta si narramos en primera o tercera persona.

    Por ejemplo, si usamos la primera persona resultará raro decir algo así como: «Entonces sentí cómo se dilataban mis pupilas». ¿Alguien es capaz de ello? Pero sí podemos aprovechar los cambios psicológicos, como puede ser centrar nuestra descripción en la amenaza: «Escuché un ruido. Casi imperceptible. Venía de la puerta. El manubrio giraba. Lentamente.»

    También podemos usar la corriente de pensamientos para reflejar esos pensamientos acelerados, inconexos, y así intentar transmitir la ansiedad a nuestro lector: «La hoja del hacha que sostiene gotea sangre. ¡Dios mío! Mónica, ¿qué has hecho? ¡¿Por qué ríes?! No, no, no. La puerta está abierta. Solo haría falta que diera un paso a la derecha. Ríe. ¡Deja de reír! Soy rápido. Solo un paso a la derecha. Mónica. Mi vida. ¿Por qué? El jarrón. Tal vez si se lo tiro. ¡Deja de reír!»

USANDO MIEDOS CONSISTENTES

    Hay miedos ancestrales y otros que dependen de la sociedad y la época, lo hemos visto. Aquellos monstruos que han pasado a la posteridad suelen estar basados en un miedo reconocible y percibido por todos. Cuanto más profundo sea ese miedo, más potente será nuestro relato. No es lo mismo el miedo a la muerte, que el miedo a que se me acabe la espuma de afeitar mientras me afeito.

    Para encontrar miedos potentes podemos recurrir a las fobias que las hay de todos los colores. Por ejemplo, ¿os imagináis la vida de alguien que padezca una fobia a la fuerza de la gravedad? ¿Y qué me decís de alguien que padezca esa fobia a las cenas y esté invitado a una para conocer a los padres de su novia? ¿Irá o no? ¿Qué excusas pondrá? Partiendo de ese miedo tan peculiar puede salirnos de todo, incluso historias que no sean de terror.

    También podemos recurrir a las leyendas urbanas, que son todo un catálogo de miedos de la sociedad actual.

    Y en cualquier caso, aunque parezca un poco de Perogrullo, es evidente que el monstruo o la amenaza siempre debe tener muy malas intenciones.

¡EFECTOS ESPECIALES!

    También existen truquillos narrativos para crear esa atmósfera terrorífica. En el cine son recurrentes y pienso que también pueden trasladarse a la escritura.

1. Reducción progresiva del perímetro de seguridad

    Es recomendable que la amenaza aceche a nuestros personajes poco a poco. Mostrarse, de inicio, como una mera posibilidad lejana hasta alcanzar el clímax al final del relato. Poco a poco, como los pasos escuchados en el pasillo cuya resonancia aumenta hasta plantarse en el otro lado de la puerta. Hay que dar tiempo al lector para que empatice con el protagonista, pero al mismo tiempo hacerle notar la amenaza.

    Por otra parte, para que la amenaza sea más intensa debe invadir nuestro espacio de seguridad. Gradualmente. Por ejemplo, asomarse a la ventana y ver a un tipo con un hacha caminando por la calle nos puede asustar. Pero él está fuera y nosotros seguros en nuestra casa. Ahora imaginad que ese hombre armado con un hacha se gira y nos mira a los ojos. Cada uno sigue en su sitio. Pero algo sucede, el monstruo nos mira. No sé quién dijo algo así como que el miedo no es ver a un fantasma, es que el fantasma nos mire. Pero subamos el nivel. Ahora estamos en el balcón, observando las estrellas. Entonces nos volvemos hacia la ventana y observamos que el tipo del hacha está dentro de nuestra casa.

    Creo que es una buena idea plantear el relato de terror mostrando que la amenaza se presente de menor a mayor intensidad y de menor a mayor proximidad. En la historia de los gusanos, ¿era lo mismo cuando estaban en el baño a cuando subían por la cama?

2. Utiliza la cámara subjetiva, representa al ser humano como presa

    Este es un recurso cinematográfico. ¿Recordáis Tiburón? La tensión crece cuando de repente la cámara adopta el punto de vista del selacimorfo. Vemos a los pobres bañistas, riendo, jugando, inconscientes de lo que les espera. Nosotros conocemos la amenaza, ellos no. En narrativa este efecto podríamos utilizarlo cambiando el punto de vista del narrador. Por ejemplo, en vez de mostrar la escena de una plácida cena familiar desde dentro, mostrarla desde la ventana, desde el punto de vista del monstruo o psicópata, describiendo al padre entusiasmado en una conversación con su mujer, a los niños riendo, todo ello desde la perspectiva de ese ser que les observa desde la ventana mientras busca la manera de entrar en la casa.

3. Reducir la información sobre la capacidad de la amenaza

    Volvemos al cine. En Alien, el monstruo sale realmente en contadas escenas. El ambiente es claustrofóbico, la amenaza constante, pero la información acerca de lo que puede hacer el extraterrestre se nos facilita poco a poco. En El Exorcista, la niña no muestra de inicio toda su capacidad demoníaca. Algo en las sombras, pero presente, siempre es mucho más amenazador que si se muestra. De hecho, en las películas con monstruo el miedo suele desaparecer cuando este aparece con todo su poder al final, enfrentándose con el protagonista. El miedo es sustituido por el suspense por lo que pueda pasar.

    Así que retrasemos los fuegos artificiales hasta el final.

4. Usa el horror adecuadamente

    El horror tiene que ver con el asco y la repugnancia. Si nuestro relato es una sucesión de escenas dantescas no conseguiremos la zozobra o la angustia del lector. Al contrario, no solo terminará aburriéndolo, sino que la historia puede quedar en segundo plano. Pero desde luego, si se describen con brevedad y bien dosificadas, estas escenas en las que se detalla el acto de la agresión o asesinato pueden resultar muy útiles para generar tensión, para perturbarnos durante el resto de la trama, sabiendo hasta dónde pueden llegar a sufrir los protagonistas.

5. En Narrativa, la repetición es la nota musical angustiosa de las pelis de terror

    Otro recurso pillado del cine. En Tiburón, en Psicosis, en Halloween... En toda película de terror aparecen unas notas repetitivas y perturbadoras que anuncian la inminente aparición de la amenaza. En narrativa la música la compone la sintaxis, las frases. Y es con ellas con las que podemos conseguir esa sensación. Por ejemplo, una risita al comienzo de una escena puede indicar al lector lo que va a venir a continuación. Unas luces que titilan, una repentina ausencia de viento, una televisión cuya imagen se queda congelada. Elementos que puedan repetirse y que en el contexto adecuado puedan activar el estado de alerta del lector. ¿Recordáis el palpitar en El corazón delator de Poe?


    Y vosotros, ¿cuáles son vuestros miedos?, ¿qué novela o película os ha provocado sudoraciones o mirar debajo de la cama antes de dormir?, ¿qué truquillos usáis para escribir relatos de terror? Y, sobre todo, ¿os salen gusanos velludos del sumidero del baño?

¡Saludos tinteros!



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Comentarios

  1. Hola. Las reacciones ante el miedo, huida, paralización (mimetismo) o ataque, son comunes entre todos los seres vivos como método de supervivencia, pero los humanos tenemos el añadido de los culturales o, como indicas, individuales o sociales. Un perro jamás temerá a el más allá. A mí las pelis que más me angustian son las de psicópatas y las de violencia extrema tipo La Naranja Mecánica.
    Esta entrada es una gozada como todas las que haces. Aunque ya tengo el relato de Hill House para enviar, creo que a la vista de lo que dices le daré un repasillo antes de mandarlo. Gracias.

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    1. Gracias, Isan. Bueno, en realidad es un recopilatorio nada académico sobre las ocurrencias que me vienen al leer o ver películas de este género. Lo que comentas respecto a psicópatas o películas de violencia extrema me sugiere que uno de tus mayores miedos es el caos y la sinrazón, aplicando un poco de psicología barata, ja, ja, ja... El miedo o la risa son algo tan particular que es complicado dar con la tecla en una historia. Un abrazo!

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  2. Excelente artículo como siempre David. Muy interesante toda esta temática del miedo, lo que provoca y lo que debemos tomar en cuenta a la hora de escribir. Un abrazote.

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    1. Gracias, Ana. Como comenté no son más que ocurrencias sobre el género. Sí creo que leer libros de psicología es una excelente opción para conocer las emociones y, además, para extraer ideas para relatos. Un abrazo!

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  3. Hola David, me ha encantado leer tu excelente exposición sobre los miedos y cómo escribir un relato de terror. Se me ha erizado la piel con el ejemplo que pones de los gusanos jajaja he sentido cómo esos bichitos invadían mi casa y reptaban por mi cuerpo.
    Nombras películas que a mí personalmente me han producido tremendo pánico, como por ejemplo El exorcista, la vi cuando era muy jovencita y te puedo asegurar que hoy en día aún me persigue la cara de la niña jajaj. Tiburón, tensión total y esa música, tienes toda la razón esos efectos que indican la presencia inminente del ser, ente o lo que vaya a ocurrir ya te ponen en alerta máxima. En fin, que me ha encantado leerte, no creo que sea capaz de escribir algo tan terrorífico, pero siempre es un placer para mí ir leyendo a tan grandes y geniales Tinteros que lo hacen. Felicidades en esta nueva propuesta. Abrazos con todo cariño.

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    1. Gracias, Marina. Pues desde luego que compartimos ese miedo a El exorcista, ja, ja, ja... recuerdo como si fuera ayer cuando la vi por primera vez. Fue en el instituto, rodeado de mis compañeros. Cuando terminó la película te aseguro que regresé a casa catatónico, ya había anochecido y creo que no caminé nunca tan deprisa mirando a un lado y otro. Por la noche, dormí con la cabeza tapada e intentando que mis brazos o pies no salieran del colchón, por si una mano me los agarraba. Ninguna otra película o novela me ha provocado eso después. Seguro que los relatos que participen van a ser fantásticos. Un abrazo!

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  4. Qué buena síntesis de cómo iniciarse en los relatos de terror, David. Me ha encantado por su claridad y precisión. Mi perspectiva con respecto al terror es que cualquier cosa bien trabajada, enfocada y mostrada puede llegar a dar miedo.

    Gracias por tan excelente entrada. Un abrazo.

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    1. Gracias, Carles. Son unas ocurrencias nada académicas, sobre un género, que en lo personal, pienso que necesita una renovación profunda. Conseguir generar miedo o risa es algo muy complejo. Pero el terror está cayendo en muchos tópicos y clichés que lo empiezan a hacer muy previsible. Es como si lo fiaran todo al horror o el susto, pero con ello no basta para una historia. Un abrazo!

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  5. Agradezco esta entrada especialmente, y tomo nota de todo, pues literariamente no suelo experimentar con el miedo. Me quedo, sobre todo, con el consejo de cocinarlo a fuego lento. Está tan bien explicada que dan ganas de escribir otro relato más de miedo ☹

    Gracias David, muchísimas gracias.

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    1. Gracias, Isabel. Si te han dado ganas de escribir un relato te aseguro que ese es el mejor premio para la entrada. Inspirar para escribir es lo máximo que pretende este blog. En lo personal te aseguro que me pasa lo mismo. Solo cuando vi El exorcista de adolescente tuve esa emoción. Un abrazo!

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  6. Muy buena entrada, David y muy buenos recursos, los que propones. Mil gracias.

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  7. Hola, David.

    Nos has regalado una estupenda entrada sobre la antropología del miedo y de como en definitiva es un recurso muy útil para el ser humano o los animales ante situaciones que nos pueden poner en peligro. Desde luego, el maestro King ha sabido como nadie llevar nuestros terrores más atávicos a la novela y de ahí luego pasaron al cine dando lustre al género con sus inquietantes historias. En mi caso situaría a dos películas como las que más miedo me han hecho pasar: El exorcista y Al final de la escalera. La segunda enlaza que con lo que escribes sobre el poder del suspense para crear situaciones inquietantes que luego pueden desenlazar en un terror más o menos espectacular.

    Un gran abrazo y feliz fin de semana.

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    1. Gracias, Miguel. Sin duda has nombrado dos de las pocas películas que cuando las ves por primera vez, tal vez te hagan mirar debajo de la cama antes de irte a dormir. Aunque como hemos comentado en tu blog, creo que el género de terror está en franca decadencia, demasiados clichés, demasiadas escenas previsibles, demasiados espacios comunes... Un género que necesita una profunda renovación, más allá de las variantes gore más basadas en el horror que en el terror. Un fuerte abrazo!

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  8. Respondiendo a tu titular, conozco el miedo, pero me siento muy torpe para proyectarlo, narrativamente hablando. Y respondiendo a otra de tus preguntas, me identifico más con ese miedo psicológico que nos infligimos a nosotros mismos a raíz de un suceso, sensación o estímulo que desencadena toda esa inseguridad que llevamos dentro. Siempre solemos ser nuestra peor pesadilla.
    Dicho lo cual, ha resultado tremendamente instructivo tu post David, y a pesar de que había decidido no participar en el reto, por lo dicho, ineptitud, vamos a salir de nuestra zona de confort y a intentarlo este finde. Me someteré al juicio de los compañeros que seguro me ayudan a aprender.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Matilde. Sin duda que el mayor terror es el que traemos cada uno dentro de nosotros. Inseguridades, sentimientos de culpa, desengaños, arrepentimientos... La vida nos va nutriendo de experiencias negativas que van quedando en nuestro subconsciente y que de tanto en tanto afloran para atormentarnos.
      La maldición de Hill House no es una novela de terror al uso, el requisito de esta edición es que aparezca un fantasma y el relato nos estremezca. Seguro que descubres una nueva veta narrativa. Un abrazo!

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  9. Interesante y sugerente. El miedo es un concepto que abarca cosas muy diferentes y se usa, quizás de forma inapropiada para asuntos muy distintos. El pánico es una manifestación extrema del miedo, pero hay situaciones en que se confunde el miedo con la ansiedad, la obsesión, la neurosis etc El miedo puede ser también una amenaza sutil que se va adueñando de la gente como una adicción y de la que casi es imposible salir, aunque también se habla de que es una herencia que tenemos del hombre primitivo tan frágil en un mundo hostil pero necesario como mecanismo de supervivencia para estar preparados. El miedo literariamente solo está al alcance de aquellos escritores que lo han sufrido de forma incesante, como un amigo que comparte tu mesa.
    Un abrazo

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    1. Gracias, doctor. El miedo, como todas las emociones, es imprescindible para nuestro día a día. Desde luego que la evolución nos ha dotado de todo lo que necesitamos para sobrevivir en un mundo que no siempre cuida de nosotros. Conocer esta emoción y los distintos grados de intensidad es importante para poder desarrollar una historia de ficción. Si uno empieza con un personaje en pánico, ¿qué más podremos provocar en la continuación? Lo importante es que nuestros personajes tengan el mayor número de emociones, para que no nos queden demasiado planos o trogloditas.
      Y pardiez que la última frase de tu comentario me ha dejado muy pero que muy intrigado y expectante... Un fuerte abrazo!!

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  10. No suelo pasar miedo en cine y mucho menos en libros. En cine me pongo muy nerviosa cuando alguien está haciendo algo que si lo pillan lo puede pagar caro y... ves que le van a pillar. Eso es lo más tenso que me pasa. También los sustos, esos que te hacen pegar un brinco y dar un grito. Me pasó en Tiburón cuando el bicho asoma media cabeza y parece que se va a comer la sala de cine entera.
    Jamás he tenido que mirar debajo de la cama y puedo moverme por la casa de noche sin dar la luz. Creo que hay alguna emoción que me falta.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Me pasa como a ti, comenté más arriba que solo cuando vi de adolescente El exorcista pasé miedo de verdad. Las novelas me pueden emocionar, atrapar y sacarme alguna sonrisa, pero como con las películas no suelo pasar miedo, es más algunas películas de terror lo que me hacen es reír, ja, ja, ja... A veces me hace respingar más la música que sube de golpe que la propia escena. Un abrazo!

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  11. Voy preparándome para el próximo microrreto, porque últimamente estás coqueteando mucho con el tema.
    Muy interesante.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Macondo. ¡Ostras! Me parece que a estas alturas de temporada ya comienzo a ser previsible, ja, ja, ja... O tú muy avispado, porque como muy bien has intuido en esta entrada está el tema del último microrreto de la temporada. ¡Qué hacha! Un abrazo!

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  12. ¡Hola, David! Como siempre, se sacan ideas productivas de tus entradas. En este caso el miedo. Vaya si me dan miedo las películas de terror. No las soporto. Desde un tiburón gigante hasta un monstruo perverso, todo me hace saltar en la butaca si está bien logrado el clima. Por supuesto, en cine se cuenta con la música, el color, el movimiento de la cámara. Y digo el cine, porque no suelo leer terror. He leído a Poe, algo de Lovecraft, pero no mucho más.
    Eso sí, no me digan que los zombies producen terror. No sé por qué pero... Me hacen reír mucho.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Mirna. ¡Dichosa tú! En mi caso, como he comentado solo he pasado miedo de verdad cuando vi hace años El exorcista. El resto de historias me atrapan por el suspense, la intriga, pero no suelo sentir esa emoción. Bueno, ahora que lo pienso alguna película japonesas de terror sí que me han dado algún yu yu, como esa niña del pozo. Los zombies si que no, de hecho me sorprende el éxito que esta clase de historias tuvo no hace mucho, las tramas son todas iguales salvo por la velocidad de los zombies, en unas van como rayos y en otras son lentos como una tortuga. Un abrazo!

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  13. Hola David

    Te acabo de dejar un comentario en la entrada anterior, tenia pendiente su lectura.

    Bueno esta entrega de miedos a domicilio me ha gustado mucho, ja, ja. Nos regalas detalles y técnicas muy importantes a la hora de pasar de ser espectadores a ser escritores de cuentos y relatos de terror, o de miedo.

    Tiburón ha sido mi película favorita de todos los tiempos, no se si porque me gustó demasiado o porque la época en que la vi fue la mejor etapa de mi vida como inocente, feliz e indocumentada, ja, ja. Ya he perdido la cuenta de las veces que la he visto y caray, siempre la disfruto y me emociona. !Una pendejada como esa...!

    Creo que solo he sentido miedo cuando era niña (siete años) y ya para acostarme veía la serie titulada "Media hora de terror", con Barnabas Collins, no me la perdia aunque temblaba de miedo, luego de eso ninguna me ha causado pánico, o miedo, sustos repentinos si, en peliculas de suspenso, pero mayormente las de terror lo que me causan es risas, ¿será porque se que no es real...?

    Ahora si vi una película que me impactó mucho, "La escalera de Jacob", esos brutales flashes de recuerdos de personas mutiladas y la forma en que los presentaban, si que me impresionaron esa noche que la vi hace muchos años ya.
    Pero aquí entre nos, te cuento que le tengo fobia a las cucarachas, de pequeña tuve varios encuentros cercanos con ellas que me traumaron, hoy lo llevo algo mejor, ya las acecho y las mato (pero si vuelan y me persiguen, huyo), aunque les pida perdón por quitarles la vida... Así que nunca sería capaz de ver la película "El apartamento de Joe", y por desgracia, en muchas películas hacen una toma de tan desagradable bicho como si fuera algo relevante, ja, ja, creo que solo justifico su aparición en la vieja película del 1983 "El día después", por el mensaje subliminal de que a pesar de la guerra nuclear, seguirán con vida, ja, ja.

    Gracias David por la generosidad de tus fabulosas entradas tan didácticas y entretenidas.

    Un fuerte abrazo para ti.

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    1. Gracias, Harolina. ¡Son bichos asquerosos! No sé que me da más repelús, verlos o sentir ese cric cuando los pisas, arg! Ostras, precisamente esta semana comenté esa película de El día después como ejemplo de cuáles son los miedos sociales según la época. Esa película llegó casi al final de la Guerra Fría y recuerdo que causó un impacto tremendo. En esa época era la amenaza nuclear lo que temíamos como sociedad. Hoy son los virus, mañana quién sabe. Estoy leyendo Homo Deus, un ensayo donde el autor reflexiona por lo que está por venir y menciona que las grandes plagas de siempre fueron el hambre, la peste y la guerra. A las tres le hemos dado respuesta, y aunque la amenaza está ahí, hoy día tenemos mecanismos para que o no sucedan o sus consecuencias sean mínimas para la sociedad en general. Pero una vez que hemos superado ello, ¿qué nos queda? Todo lo que nos venga será consecuencia de nuestro progreso tecnológico. Un abrazo!

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  14. Genial entrada hacer historias de miedo es dificil debes crea ambiente y como tu dices ir a los miedos viscerales. Te mando un beso

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    1. Gracias, J.P. Todas las obras universales lo son porque más allá de la historia concreta tocan temas universales. En el género de terror no es distinto. Un abrazo!

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  15. ¡Hola!
    Qué buena entrada, es de las que releo de vez en cunado porque aporta mucho.
    Yo soy muy miedosa, pero mucho, jejejeje.
    Muy feliz día.

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    1. Gracias, Gemma. Ja, ja, ja.. Bueno, mejor pasar miedo en la ficción que no en la vida real. Un abrazo!

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  16. Ufff, David, tengo tantos que no sabría, aunque me quedo con las cosas que no logro entender; apartamento 16 de Adam Nevill y El exorcista, la película; creo que sería empatizar con el lector y de ahí llevarlo hacia algún temor; no, de momento no me han salido gusanos, aunque sí una especie de tijerillas un poco aprensivas, jajaja.

    Todo esto que has expuesto me suena mucho de un curso que hice para tratar el miedo escénico. Nuestro cuerpo reacciona ante lo que cree un peligro y deja algunas funciones en stand by (deja de segregar saliva o detiene la digestión) para centrarse en otras que deben estar alerta para la reacción inmediata (básicamente las que has relatado). La cosa es que la evolución ha aplicado esa defensa ante el peligro al miedo cotidiano, como si ver una película de miedo fuera estar viviéndola. Y es que los miedos siempre van a estar, mientras vas creciendo van evolucionando hacia otros aspectos, pero no desaparecen. Lo has descrito y explicado a la perfección y con un detalle inmenso y sin lugar a la duda. Una entrada perfecta para profundizar en el relato de este mes. Me ha encantado la parte de nuestros monstruos favoritos, XD, nunca me habría planteado que el miedo a ellos se pudiera plasmar de ese modo.
    Un abrazo!

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    1. Gracias, Pepe. Es que necesitamos todas las emociones, aunque las haya positivas y también negativas. ¿Te imaginas vivir sin miedo ni dolor? Nos pasaría como a los pobre pájaros Dodo que eran tan inocentes que cuando llegaron los ingleses y estos encontraron divertido dispararles se extinguieron en una semana. El miedo nos alerta y prepara para un mundo que siempre es hostil y amenazante. La vida siempre será así, un ciclo de nacimiento y muerte en el que el individuo está de paso.
      Estar alerta es algo básico, tanto como leer psicología a la hora de escribir, creo que muchos de sus conceptos pueden ser muy utilizados en la Narrativa. De hecho, las modernas técnicas de márquetin no dudan en aplicarlos para conseguir influenciar y determinar la decisión de compra del consumidor.
      Un abrazo!

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  17. ¡Hola, David!
    Me ha encantado esta entrada. Parece que me has descrito a mí. Ayer hice una entrada hablando de una de las películas que más miedo me han dado, "The changeling". Cómo dos elementos cómo con una mecedora y una pelota, pueden producir terror y hacer que mi cuerpo se pusiera tenso... tanto que no podía moverme.
    Plantear el miedo de ese modo, es impresionante.
    Un fuerte abrazo y feliz finde.

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    1. Gracias, Mamen. Precisamente, Miguel Pina comentaba más arriba que las únicas dos películas que le provocaron miedo fueron El Exorcista y la que mencionas, Al final de la escalera. En ella como dices aparecen elementos como una mecedora o una pelota, el recurso es el extrañamiento. Es ver un objeto cotidiano de una manera totalmente distinta. Recuerdo cuando era niño, e incluso hoy día, que siempre me produce una sensación extraña estar en casa cuando "no toca". Si cada día me voy a trabajar a las nueve y llega un martes en el que me quedo en casa por lo que sea, me percibo extraño como si estuviera en el lugar que no debo.
      La pelota es un juego, como el columpio, pero ¿cuándo no hay jugadores...? Los armarios, el propio pasillo cuando ya estamos acostados. Extrañar un objeto cotidiano siempre es un recurso excelente, otra cosa es cuando luego se usa una y otra vez en el género y se convierte en cliché como esa pelota o el columpio. Un abrazo!

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    2. El Exorcista, la intenté ver del tirón, pero nunca pude. Me daba tanto miedo que creí que jamás me atervería a aguantarla hasta decidí a ir al cine una noche de halloween donde la proyectaro en vose y aguanté como una campeona. Después vi la versión del director y aunque me puso muy nerviosa, la vi como si nada. De pequeña vi con mi hermano "Pesadilla en Elm Street" y madre mía, con esa si que lo pasé realmente mal. De hecho estuve varias noches sin pegar ojo. Al final de la escalera, para mi es la peli de terror por excelencia junto con la primera que he nombrado.

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  18. Una lección magistral, como todas las tuyas, amigo, je,je.
    Para mí, el género de terror es el más difícil, pues hay que saber emplear, y mejor combinar, esos recursos que tan bien has descrito. De lo contrario, es muy facil caer en una estupidez que más bien inspira risa que temor. Sería parecido, aunque en el polo opuesto, a lo que puede ocurrir con el género de humor. Para hacer reír hay que tener muchas tablas. Todos podemos contar un chiste pero no todos tenemos esa gracia especial para arrancar una carcajada de la concurrencia.
    Volviendo al terror, lo que he mencionado antes se ve palpablemente en muchas películas de este género que solo saben abundar en los mismos trucos de siempre, previsibles y anodinos, y que lo único que logran es asustar con un grito o un sonido inesperado.
    Estoy muy de acuerdo con la opinión de Borges, pero Lovecraft tenía el don de, sin excesivas descripciones, "hacer ver" al monstruo. La imaginación es lo que infunde más miedo al lector y al espectador, mucho más que la imagen. Aunque, evidentemente hay excepciones.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Magistral me parece un poco exagerado, je, je, je... Son más unas ocurrencias que se me han ido ocurriendo tras ver y leer tantas historias del género e intentar desentrañar algunos trucos que parecen repetirse en ellas. Por ejemplo, en la novela de Shirley Jackson, quienes la hayan leído, se habrán dado cuenta de la cantidad de veces que la autora menciona escribe Hill House. Eso que podría parecer un error de repetición es buscado. Es una manera de que se nos quede en la mente machaconamente como ese estribillo que no hay manera de olvidar en una canción. En inglés, el lector asociará ese Hill como Hell, infierno. También repite mucho un estribillo, por cierto.
      El humor y el terror son las emociones más básicas e inconscientes. De ahí su dificultad, a la que debemos añadir el hecho de que a cada uno de nosotros le provocan risa y miedo cosas absolutamente diferentes. Yo me rio mucho con el humor negro, pero a otros le causará rechazo, por ejemplo. Y estas historias tienen el handicap de que su calidad depende de que el lector sienta ello. Si es una novela de humor y no te ríes te parecerá mala, aunque la historia esté muy bien narrada, con el terror pasa lo mismo. O te da miedo o te parece un tostón.
      Reconozco que soy muy poco de Lovecraft, me puesto con él varias veces, pero me cansa mucho su estilo tan excesivo al exponer la atmósfera de terror, que a las pocas páginas más que miedo me provoca hasta risa. ¿Ves? Por eso son géneros tan complicados, dependen de cada lector no de la obra en sí. Un abrazo!

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  19. Impresionante entrada, David.
    Creo que es mucho mejor generar la sensación de miedo a través de la imagen que a través de la narrativa. Crear la escena me parece increíblemente difícil, pero hacer, se hace. No obstante, creo que, o se debe a una cualidad innata del escritor, o a una preparación por parte del mismo. Lo que es cierto es que no es fácil hacerlo y, junto con el humor, supongo que son los dos géneros más difíciles de materializar.
    Muchas gracias, David, siempre por estas entradas que tanto me gustan.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Macarena. En realidad, viendo las últimas películas de miedo que he visto, más que la imagen es el susto que te pegan al subir el volumen junto a la aparición sorpresa, je, je, je... La verdad es que pienso que es un género en decadencia, o he visto demasiadas también es verdad, pero hay escenas que se repiten una y otra vez. La pelota que bota por el pasillo, el famoso espejo del lavabo, el súbito cruce en primer plano del fantasma, la puerta de la nevera que al cerrarse nos deja ver un monstruo... Llega un punto en el que se repite tanto que hasta los guionistas se lo toman a broma y preparan esas escenas sabiendo que el espectador se espera que al cerrarse la puerta de la nevera aparezca el fantasma tras ella. Entonces hacen la variante, que es que aparezca al girarse el protagonista. Me alegra que te hayan gustado estas ocurrencias. Un abrazo!

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  20. El estudio del miedo en la literatura nos lleva a la época de la Grecia clásica y a Aristóteles que fue el primer pensador que habló del miedo desde múltiples facetas.
    Lovecraft afirmaba en «Supernatural Horror in Literature» que la literatura del miedo ha acompañado al hombre desde sus orígenes.
    El miedo está relacionado con el subconsciente, por tanto una vez que somos conscientes de este mecanismo, pierde todo su poder.
    No soy una persona miedosa por lo que me resulta difícil dejarme impresionar por este género de terror, de ahí que tanto la literatura como el cine, o la escritura de género de terror me resulten entretenidas, pero nunca me llegan a causar miedo.
    Como en otras ocasiones te quedo muy agradecida por tus espléndidos artículos tan instructivos y motivadores.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Estrella. Como con los chistes, cuando quieres explicar una historia de terror pierde toda su gracia. Comparto la cita de Lovecraft, estoy convencido que las primeras historias que contó nuestra especia muchas de ellas serían de terror, por esa especie de moraleja o advertencia para el resto de componentes del grupo social. No vayas solo al bosque, teme a la oscuridad, no comas de esto o de aquello, desconfía del forastero que llega a la tribu... Los cuentos de los hermanos Grimm, por ejemplo, creo que tienen más de terror que de inocentes historias para niños.
      Dicho todo esto, como en tu caso, puedo contar con los dedos de una mano, y me sobran, alguna película o novela que me haya llevado a mirar debajo de la cama antes de dormir. Un abrazo!

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  21. Hola, David, tu entrada es toda una lección sobre el sentido del miedo, y como a este, lo proyectamos en aquello que al verlo, percibirlo...,nos asusta, o más. Creo, que es inevitable sentirlo pues nos viene programado en el equipaje al nacer, al igual que el amor. Siempre he pensado que el miedo es un buen aliado si se sabe lidiar con él no dejando que gane la batalla, pero a veces la pereza de enfrentarse a él, nos convierte en víctimas suyas, de ahí un agarrote mental para actuar debidamente. De muy joven, si que tengo grabado a sangre y fuego el miedo con la primera de Alien, y posteriormente con la saga de Freddy Krueger, ahora, por suerte, "no suelo" tener miedo de lo externo, pero si es cierto que de otro modo lo padezco, aunque la verdad, cada vez menos. Mientras te leía, recordaba a mi esposo, ha sido escalador, por entonces no había los materiales tan ligueros y seguros que hay ahora, cuando recordamos y le pregunto..., siempre me dice que, si sentía miedo, este le ayudaba a seguir subiendo la pared, y al culminar la cima, sentía su máximo estado de plenitud. Esta situación la puedo ver como análoga a la escritura, hay que seguir escribiendo para sentir la satisfacción final.

    Los efectos de los gusanos, creo que ahí, si tendría mieditis, ja,ja,ja.
    Me ha servido de mucho leerte, David, la volveré a repasar, has elaborado un completo y valioso análisis del miedo, los gráficos de los gusanos han sido geniales para la temática.
    Gracias, un fuerte abrazo;)

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    1. Gracias, Mila. ¡Qué buena e ilustrativa la anécdota que nos cuentas de tu marido! Y es que el miedo es una emoción básica, tan imprescindible como la alegría. En el caso de tu marido, el miedo le servía de advertencia, le preparaba para lo imprevisto, le "programaba" para actuar lo más rápido posible ante cualquier eventualidad. Sin miedo, somos descuidados y desatentos como los cervatillos que se alejan de la manada cuando llega el lobo.
      Me encantaron esas referencias a Alien y Pesadilla en Elm Street que me llevaron a mi adolescencia y al Vídeo Club. Con Alien no pasé miedo aunque por supuesto me sentí totalmente en tensión. Recuerdo que la vi, además, solo con mi hermano pequeño. Yo tendría trece años y mis padres había ido a una reunión del AMPA en el colegio. ¡Qué sudores! Al bueno de Krueger llegué con una adolescencia más avanzada y menos inocente y esa la disfruté más que sufrí, ja, ja, ja...
      Espero que no te cruces con un gusano, je, je, je... Un fuerte abrazo!

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  22. ¡Hola! Un gran análisis sobre el miedo, desde sus orígenes hasta cómo lo vivimos en el cine y en la literatura. Además, los ejemplos ilustran muy bien todos los conceptos. Me ha gustado mucho el apartado de nuestros monstruos favoritos y el tipo de miedo que refleja cada uno. Creo que hay un punto muy importante a la hora de contar una historia que es: "Reducir la información sobre la capacidad de la amenaza". En ocasiones, he visto películas de terror que al comienzo te "enseñan al monstruo" o te cuentan todo sobre él y eso hace que pierda el misterio. A raíz de esto, pensé que es importante jugar con el miedo a lo desconocido dentro de la historia. Por otra parte, la primera película que me causó auténtico terror fue "Ju-on: La Maldición". Entre el inquietante ruidito y esa escena de las escaleras... (entre otras, pero esa es brutal).
    Gran artículo. Un abrazo :)

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    1. Gracias, M.A. Empezando por el final, desde luego que esas películas de terror japonés que se pusieron de moda hace unos años te ponían los pelos como escarpias. Quizá se deba a que a nuestros ojos occidentales aportaban situaciones y escenas distintas a las que estábamos acostumbrados y por tanto nos acercamos a ellas con la virginidad de un adolescente.
      Lo de los monstruos se debe a una reflexión de por qué no aparecen nuevas criaturas terroríficas tan icónicas como esas. Quizá el payaso de It, que nos lleva a esa fase de terror de la etapa en la que abandonamos la niñez y nos adentramos en la adolescencia donde empezamos a comprobar que la vida es mucho más desconcertante que la plácida infancia.
      Me alegran tus palabras, y más cuando eres toda una experta en el género. Un abrazo!!

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  23. Buenísima información, David!
    Siempre he pensado en eso de los miedos y las fobias para escribir terror, no obstante, tengo que ponerlo en práctica, ya que no siento exponerlo de forma clara en mis relatos. Me guardo muy bien esta entrada, se que me va a servir de mucho. Y Si conozco el miedo, siempre he visto y leido muchas escenas de tortura, violencia sangrienta, criaturas terroríficas, zombis comiendo cerebros. Hace unos meses vi una película que me explotó el cerebro de pavor fue la película de terror turco Baskin, Dios mío, esta película es increíblemente infernal, la atmósfera es tan aterradora que me hizo sentir como si tuviera que vomitar. La verdad es muy perturbadora y sangrienta.
    Un abrazo y mil gracias por compartir!

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    1. Gracias, Yessy. Bueno en realidad son unas ocurrencias sobre el género que me decidí a escribirlas en una entrada. Es una emoción tan básica y variable en cada persona que es complicado obtener fórmulas universales. Por ejemplo, jamás me dio miedo una película de zombies y hasta sumo más risas que sustos en ese género. Me ha llamado la atención tu recomendación de esa película turca a ver si logro verla. Pues, precisamente, de fobias irá nuestro microrreto del próximo mes, ja, ja, ja... Un fuerte abrazo!!

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